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Un lugar en Nuestra Iglesia para adolescentes y jóvenes - Sitio web consagrado a María Auxiliadora

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    MADRID, lunes 17 diciembre 2012 (ZENIT.org).- El «Evangelio de la familia» tuvo en él a su más insigne difusor. Hoy continúa alumbrando con sus enseñanzas a una sociedad que necesita modelos preclaros para caminar, y especialmente a quienes se han comprometido con un proyecto de vida en común.

     Es posible que haber nacido en el seno de una familia numerosa que, además, era creyente, influyese en su acontecer marcándole con un amor singular a la Sagrada Familia. Nació el 7 de enero de 1833 en Tremp (Lleida, España). Su madre, sin duda artífice de su amor a María, siguió la bellísima tradición de consagrarle a la Virgen, bajo la advocación de Valldeflors, a la que se honraba en la localidad porque era su patrona. Sintiendo la llamada al sacerdocio recibió formación en Barbastro primeramente, y luego en seminarios de Lleida y Urgell costeándose él mismo los estudios con su trabajo. Virtuoso hombre de oración, devoto de la Eucaristía, prudente y sensible, con encomiable espíritu de servicio, después de ser ordenado sacerdote el 9 de abril de 1859 fue de impagable ayuda para el prelado de Urgell quien durante doce años lo tuvo a su lado. Fue su secretario particular, mayordomo, vicesecretario de cámara, secretario de visita pastoral y también se ocupó de la biblioteca del seminario.

    En esos años de ejercicio pastoral en la Seu d’Urgell acrecentó su convicción de que la familia es el pilar de la sociedad. Porque ciertamente los valores que se aprenden en ella en gran medida condicionan el resto de la vida; es clave en la educación y enseña el modo de afrontar las vicisitudes y contingencias que se van presentando. Si, además, el devenir de un hogar está anclado en el modelo que ofrece la Sagrada Familia los frutos no se hacen esperar. Josep fue consciente de que la sociedad precisaba este referente inequívoco y tomó conciencia de la importancia de tutelar de forma exquisita la educación dirigida a niños y jóvenes; sería un semillero de gracias vertidas a través de ellos en la sociedad. De modo que, con este objetivo evangelizador, puso en marcha en 1864 losHijos de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Y diez años más tarde fundó las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret.

    En un momento dado, en medio de conflictos políticos, sufrió persecución y clausura de uno de sus centros, pero continuó su labor sin arredrarse. Durante cuatro décadas marcadas por intensa actividad, se mantuvo al frente de sus hijos e hijas. Bajo su amparo y tutela se multiplicaron escuelas, colegios, talleres y vías diversas de apostolado en distintos puntos de España, que luego se extendieron a parte de Europa y América. Viéndole trabajar con tanto ahínco, lleno de fe y esperanza, escribiendo textos dirigidos a difundir la devoción por la Sagrada Familia, era difícil adivinar que todo ello procedía de un hombre de frágil salud que, además, debía hacer frente a numerosos contratiempos que le salían al paso. Pero así era. En su costado tenía lo que él solía denominar «las misericordias del Señor», unas llagas abiertas que es fácil imaginar lo que debieron suponer de padecimientos durante los últimos 16 años de su vida.

    Fue un ejemplo de fortaleza y fidelidad; se distinguió también por su predicación. Mantuvo viva hasta el fin la urgencia por difundir lo que el beato Juan Pablo II denominó «Evangelio de la familia», diseminado en numerosas obras dirigidas a sus hijos, a los escolares que se formaban en los centros regidos por ellos y a las familias. Entre otras, fue autor de La Escuela de Nazaret, Casa de la Sagrada Familia (de carácter autobiográfico), Preciosa joya de familia y El espíritu de la Sagrada Familia. Impulsó la revista Sagrada Familia y la construcción del templo expiatorio dedicado a ella en Barcelona, obra monumental del genial arquitecto y siervo de Dios, Antoni Gaudí. Viendo su quehacer en conjunto, se aprecia el afán de Josep por llevar a todos el amor a Jesús, María y José mostrándolos al mundo como ejemplo a imitar. Y el nombre de los tres fue el que brotó de sus labios cuando le llegó la suprema hora el 17 de diciembre de 1901. Quienes le rodeaban le oyeron decir por última vez lo que tantas veces había expresado: «Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía», jaculatoria que incontables familias han enseñado a recitar a sus hijos desde niños para que la rezaran poco antes de conciliar el sueño. Juan Pablo II lo beatificó el 25 de noviembre de 1984 y él mismo lo canonizó el 16 de mayo de 2004.

    Turín, 18 de diciembre de 1859

    El año del Señor de mil ochocientos cincuenta y nueve el dieciocho de Diciembre en este Oratorio de S. Francisco de Sales en la habitación del Sacerdote Giovanni Bosco a las 9 horas de la noche se reunían él mismo, el Sacerdote Vittorio Alasonatti, los seminaristas Angelo Savio Diácono, Michele Rua Subdiácono, Giovanni Cagliero, Gio Battista Francesia, Francesco Provera, Carlo Ghivarello, Giuseppe Lazzero, Gioanni Bonetti, Gioanni Anfossi, Luigi Marcellino, Francesco Cerruti, Celestino Durando, Secondo Pettiva, Antonio Rovetto, Cesare Giuseppe Bongiovanni, el joven Luis Chiapale, todos ellos con el fin y deseo de promover y conservar el espíritu de verdadera caridad que se requiere en la obra de los Oratorios para la juventud abandonada y en peligro, que en estos calamitosos tiempos viene seducida de mil maneras con daño para la sociedad y precipitada en la impiedad y la irreligión.

    Así pues, complació a los mismos Congregados erigirse en Sociedad o Congregación que, teniendo como intención la ayuda mutua para la santificación de la propia alma, se propusiese promover la gloria de Dios y la salvación de las almas, especialmente de las más necesitadas de instrucción y de educación, y aprobado de común acuerdo el proyecto propuesto, hecha una breve oración e invocada la luz del Espíritu Santo, procedían a la elección de los Miembros que debían constituir la dirección de la sociedad para ésta y para nuevas Congregaciones si a Dios le agradare favorecer su incremento.

    Rogaron, por tanto, unánimes al iniciador y promotor a que aceptase el cargo de Superior Mayor como era del todo conveniente, el cual, después de aceptado con la reserva de poder de nombrar al prefecto, y dado que ninguno se opuso, manifestó que le parecía que no debía remover del cargo de prefecto al que esto escribe que hasta ahora tenía ese cargo en la casa.

    Se pensó, pues, inmediatamente en el modo de elección de los otros Socios que cooperan en la Dirección, y se convino en adoptar la votación con sufragios secretos como la forma más breve para constituir el Consejo, que debía estar formado por un Director Espiritual, el Ecónomo y tres consejeros además de los dos cargos referidos.

    Y hecho Secretario para este fin el que esto escribe, afirma que ha cumplido fielmente el encargo recibido de común acuerdo, atribuyendo el voto a cada uno de los Socios según venía nombrado en la votación; y, por tanto, que había resultado en la elección de director Espiritual por unanimidad la designación del Seminarista Subdiácono Michele Rua que no se negaba. Lo que repetido para el Ecónomo, salió y fue reconocido el Diácono Angelo Savio, que prometió igualmente asumir su encargo correspondiente.

    Quedaban todavía por elegir los tres consejeros; para el primero de los cuales, hecha la votación como se suele, resultó el seminarista Giovanni Cagliero. De segundo consejero salió el seminarista Gio Bonetti. Para el tercero y último, habiendo salido iguales los votos a favor de los seminaristas Carlo Ghivarello Carlo y Francisco Provera, hecha otra votación, la mayoría resultó para el seminarista Ghivarello, y así se constituyó definitivamente el cuerpo de administración para nuestra Sociedad.

    Este hecho, como se ha expuesto aquí en su conjunto, se leyó en la Reunión de todos los citados Socios y cargos nombrados por ahora, los cuales, constatada su veracidad, indicaron concordes que se conservase el original, para cuya autenticidad firmaron el Superior Mayor y como Secretario.

    Sac. Bosco Giovanni. 
    Alasonatti Vittorio Sac. Prefecto
    ( fuente: www.boletinsalesiano.info)

    Tiempo litúrgico que prepara la Navidad. Expectación penitente, piadosa y alegre.

    “La venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos (…). Al celebrar anualmente la liturgia del adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda venida”. (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 522 y 524)

    Con el tiempo de Adviento, la Iglesia romana da comienzo al nuevo año litúrgico. El tiempo de Adviento gravita en torno a la celebración del misterio de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.


    A PARTIR DEL SIGLO IV

    El origen y significado del Adviento es un tanto oscuro; en cualquier caso, el término adventus era ya conocido en la literatura cristiana de los primeros siglos de la vida de la Iglesia, y probablemente se acuñó a partir de su uso en la lengua latina clásica.

    La traducción latina Vulgata de la Sagrada Escritura (durante el siglo IV) designó con el término adventus la venida del Hijo de Dios al mundo, en su doble dimensión de advenimiento en la carne –encarnación- y advenimiento glorioso –parusía-.

    La tensión entre uno y otro significado se encuentra a lo largo de toda la historia del tiempo litúrgico del Adviento, si bien el sentido de “venida” cambió a “momento de preparación para la venida”.

    Quizá la misma amplitud de las realidades contenidas en el término dificultaba la organización de un tiempo determinado en el que apareciera la riqueza de su mensaje. De hecho, el ciclo de adviento fue uno de los últimos elementos que entraron a formar parte del conjunto del año litúrgico (siglo V).

    Parece ser que desde fines del siglo IV y durante el siglo V, cuando las fiestas de Navidad y Epifanía iban cobrando una importancia cada vez mayor, en las iglesias de Hispania y de las Galias particularmente, se empezaba a sentir el deseo de consagrar unos días a la preparación de esas celebraciones.

    Dejando de lado un texto ambiguo atribuido a San Hilario de Poitiers, la primera mención de la puesta en práctica de ese deseo la encontramos en el canon 4 del Concilio de Zaragoza del año 380: "Durante veintiún días, a partir de las XVI calendas de enero (17 de diciembre), no está permitido a nadie ausentarse de la iglesia, sino que debe acudir a ella cotidianamente" (H. Bruns, Canones Apostolorum et Conciliorum II, Berlín, 1893, 13-14). La frecuencia al culto durante los días que corresponden, en parte, a nuestro tiempo de adviento actual, se prescribe, pues, de una forma imprecisa.


    UN TIEMPO DE PENITENCIA

    Más tarde, los concilios de Tours (año 563) y de Macon (año 581) nos hablarán, ya concretamente, de unas observancias existentes “desde antiguo” para antes de Navidad. En efecto, casi a un siglo de distancia, San Gregorio de Tours (fallecido en el año 490) nos da testimonio de las mismas con una simple referencia. Leemos en el canon 17 del Concilio de Tours que los monjes "deben ayunar durante el mes de diciembre, hasta Navidad, todos los días".

    El canon 9 del Concilio de Macon ordena a los clérigos, y probablemente también a todos los fieles, que "ayunen tres días por semana: el lunes, el miércoles y el viernes, desde San Martín hasta Navidad, y que celebren en esos días el Oficio Divino como se hace en Cuaresma" (Mansi, IX, 796 y 933). Aunque la interpretación histórica de estos textos es difícil, parece según ellos que en sus orígenes el tiempo de adviento se introdujo tomando un carácter penitencial, ascético, con una participación más asidua al culto.

    Sin embargo, las primeras noticias a cerca de la celebración del tiempo litúrgico del Adviento, se encuentran a mediados del siglo VI, en la iglesia de Roma.

    Según parece, este Adviento romano comprendía al principio seis semanas, aunque muy pronto -durante el pontificado de Gregorio Magno (590-604)- se redujo a las cuatro actuales.


    UNA DOBLE ESPERA

    El significado teológico original del Adviento se ha prestado a distintas interpretaciones. Algunos autores consideran que, bajo el influjo de la predicación de Pedro Crisólogo (siglo V), la liturgia de Adviento preparaba para la celebración litúrgica anual del nacimiento de Cristo y sólo más tarde –a partir de la consideración de consumación perfecta en su segunda venida- su significado se desdoblaría hasta incluir también la espera gozosa de la Parusía del Señor.

    No faltan, sin embargo, partidarios de la tesis contraria: el Adviento habría comenzado como un tiempo dirigido hacia la Parusía, esto es, el día en que el Redentor coronará definitivamente su obra. En cualquier caso, la superposición ha llegado a ser tan íntima que resulta difícil atribuir uno u otro aspecto a las lecturas escriturísticas o a los textos eucológicos de este tiempo litúrgico.

    El Calendario Romano actualmente en vigor conserva la doble dimensión teológica que constituye al Adviento en un tiempo de esperanza gozosa: "el tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre" (Calendario Romano, Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, 39).

    (fuente: www.primeroscristianos.com)

    CAMPINAS, jueves, 13 de diciembre de 2012 (ZENIT.org) – A todo niño le gusta aquello que le es propio, o sea ver la realidad en la óptica pura e inocente de los hechos que presencia y de los deseos que siente, principalmente aquellos que están asociados a la alegría. Por eso, debemos presentar Jesús a los niños de modo alegre y con equilibrio, y para su tamaño.

    Con base en las enseñanzas que Jesús nos dejó en los evangelios, todo lo que se habla debe tener una connotación verdadera, sin bien es necesario colocarlo de modo lúdico, o sea en el lenguaje que circunda y en el que participa el niño, creando así un vínculo entre aquello que oye y vive.

    Al hablar a los pequeños sobre el nacimiento de Jesús, los padres y catequistas pueden hacer una correlación de este día con el nacimiento de ellos, recordando la alegría y la emoción, la preparación y la expectativa de la llegada de un niño al mundo. Aquí, en Navidad, de un pequeño muy especial, porque es el Hijo de Dios.

    Cuando el ángel Gabriel le anuncia a María que ella será la madre del Hijo de Dios, inicia con la palabra griega khaire que significa 'alégrate', ¡porque la novedad que trae es motivo de mucha alegría! ¡Va a nacer un niño, un niño viene al mundo! Es pues con esa misma alegría del ángel al anunciar a María la venida de Jesús, es que nosotros debemos también anunciarlo al mundo y especialmente a los niños.

    ¿Pero, dónde está la alegría? ¿Cómo mostrarla a los pequeños?

    El motivo de alegría para María era tener al Señor en su vientre y para nosotros es el hecho que Jesús ha nacido entre los hombres.

    Con relación a los niños podemos introducirlos en el contexto de la familia, de los amigos, de los parientes, como una relación de amor entre todos.

    ¡Al final de cuentas ser feliz es tener un encuentro con el amor! Dios es amor y nosotros nos encontramos con este amor en la persona de Jesús. Al mostrar a Jesús como un niño estamos colocándolo en el mismo contexto en que viven los los pequeños.

    Es interesante, en este proceso evangelizador, despertar en ellos alguna otro inquietud sobre el Niño Jesús: por ejemplo hablar de cómo Él nació; que lloraba, pero que también sonreía; cómo serían sus facciones a partir de las características de su pueblo; cuándo comenzó a caminar, lo que le gustaba comer, quiénes eran sus amiguitos, cuál era su broma preferida... finalmente, describir situaciones simples que no interfieran en la verdad y puedan ser presentadas conforme a la expectativa del niño y de su edad, puesto que Jesús era un niño, común aún siendo Dios, y creció como todos nosotros dentro de una realidad humana y limitada. Así, ellos crecerán con Jesús, gradualmente, de modo simple y natural.

    ¡Este tiempo de la Navidad, hablemos sobre Jesús y enseñemos el amor a los niños, con la alegría que ellos tienen! ¡Es un lenguaje que ellos entienden!

    ¡Feliz Navidad!

    Traducido del portugués por H. Sergio Mora

    artículo escrito por Rachel Leemos Abdalla es fundadora y presidenta de la Asociación Católica Pequeñitos del Señor y su representante en el programa de la Radio Brasil, 'Pueblo de Dios' de la archidiócesis de Campinas. Y en dicha diócesis es coordinadora de la catequesis familiar de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores y operadora en 'Ambiente Virtual de Formación'.

  • 12/20/12--03:43: María, modelo de oración
  • «...su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón». (Lc. 2, 51).

    Muchas veces hemos oído que María es el modelo de mujer orante, y que intercesión suya obtenemos muchas gracias de Dios. Pero, ¿qué es la oración? ¿Cómo se hace oración? ¿De qué modo nos puede ayudar María a orar?

    «La oración es la elevación del alma a Dios o la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones.» (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n° 534)

    La oración no es éxtasis con elevaciones, o repetición rutinaria y distraída de palabras, sin decirlas desde el corazón. La oración es dejar que el corazón llegue a Dios. Es un encuentro entre un hijo y un Padre. La oración es acudir a quien puede remediar nuestras necesidades, y confiar plenamente en Él. Pero no basta sólo pedir; la oración debe ser un diálogo. A Dios le encanta que le platiquemos cómo nos ha ido en el día. La oración más sencilla, la que nace de un corazón humilde, es la que más agrada a Dios. La oración es un encuentro con Dios, con su amor y su misericordia.

    En Jesús encontramos el mejor modelo para aprender a orar. Él, Hijo de Dios, se dirige a su Padre con confianza, con sencillez, con humildad, con amor. A Jesús le gustaba orar en lo alto de una montaña, en silencio de la noche o del amanecer: «El Evangelio muestra frecuentemente a Jesús en oración. Lo vemos retirarse en soledad, con preferencia durante la noche; ora antes de los momentos decisivos de su misión o de la misión de sus apóstoles. De hecho toda la vida de Jesús es oración...» (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n° 542).

    En Jesús encontramos un corazón repleto de amor, que busca encontrarse con su Padre en la oración. Pero, «¿De quién aprendió Jesús a orar? Conforme a su corazón de hombre, Jesús aprendió a orar de su madre» (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica n° 541).

    Sí. En María, su madre, Jesús encontró una maestra de oración. Ella siempre estuvo en un continuo diálogo con Dios y en una actitud de escucha; por eso pudo escuchar la voz del ángel. La oración de María era un encuentro con Dios en su corazón. María vivía en oración porque vivía con Cristo, platicaba con Él con la más grande naturalidad y cariño.

    ¿Y cómo debemos orar nosotros, con nuestras familias? Acudiendo a Dios en medio de nuestra vida diaria, en medio del trabajo, del estudio, y de nuestras actividades. «La familia cristiana constituye el primer ámbito de educación a la oración. Hay que recomendar de manera particular la oración cotidiana en familia, pues es el primer testimonio de vida de oración de la Iglesia...» (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica n° 565)

    En la familia encontramos una buena escuela para aprender a orar. Por eso, los papás tienen el deber e enseñar a sus hijos la oración; pero no sólo con palabras, sino principalmente con su ejemplo. El modelo que los hijos encuentran en sus padres queda marcado para siempre. ¡Qué importante es que en toda familia haya un ambiente de oración, de encuentro con Dios!

    «Se puede orar en cualquier sitio, pero elegir bien el lugar tiene importancia para la oración. El templo es el lugar propio... también otros lugares ayudan a orar, como «un rincón de oración» en la casa familiar, un monasterio, un santuario. Todos los momentos son indicados para la oración, pero la Iglesia propone a los fieles ritmos destinados a alimentar la oración continua: oración de la mañana y del atardecer, antes y después de las comidas, la Liturgia de la Horas, la Eucaristía dominical, el Santo Rosario, las fiestas del año litúrgico. .» (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 566 y 567)

    «Es necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar» (San Gregorio Nacianceno).

    para reflexionar: ¿Cómo es mi oración? ¿Acudo a Dios solamente en las dificultades, o en todo momento, para agradecerle, platicarle y estar con Él? ¿Qué me enseña María? ¿Cómo voy a orar de ahora en adelante?

    (fuente: www.virgenperegrina.es)

    Tras la aprobación de un milagro, podría ser proclamado beato a fines de 2013.

    CIUDAD DEL VATICANO, jueves 20 diciembre 2012 (ZENIT.org).- Benedicto XVI aprobó esta mañana la promulgación del decreto sobre el milagro atribuído al venerable José Gabriel del Rosario Brochero, sacerdote cordobés que vivió entre 1840 y 1914. Con ello, se abre la vía a la beatificación, que se espera tenga lugar hacia fines de 2013.

    La noticia se dio a conocer tras recibir el santo padre en audiencia al cardenal Ángelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

    Durante la mañana, el papa aprobó también la promulgación del decreto sobre las virtudes del papa Pablo VI, Giovanni Battista Montini. En el mismo documento se aprueban los martirios y milagros atribuidos a diversos cristianos ya elevados a la gloria de los altares o en camino a la canonización.

    El proceso de canonización del conocido popularmente como "cura Brochero" se inició en la década de los 60 del siglo XX. La certeza de la beatificación quedó sellada despues que una junta médica convocada por el Vaticano llegara a la conclusión que la recuperación de un niño, tras un accidente de tráfico, excedió la explicación científica. "Siete médicos dijeron que la curación del nene fue milagrosa", explicó en una entrevista monseñor Santiago Olivera, obispo de Cruz del Eje y delegado episcopal para las Causas de los Santos en la Argentina.

    Tras conocer el informe de los profesionales de la salud, los teólogos de la Santa Sede votaron en forma positiva, sin elevar objeción al presunto milagro. Así, la Congregación de las Causas de los Santos entregó meses atrás su veredicto al Papa, a la espera de la firma del decreto de beatificación.


    Brochero, discípulo misionero de Jesucristo

    Nació el 16 de Marzo de 1840 en un paraje llamado “Carreta Quemada” en las cercanías de Santa Rosa del Río Primero, provincia de Córdoba, siendo bautizado al otro día de su nacimiento en la parroquia de Santa Rosa. A los 16 años entró en el Seminario Mayor de Córdoba “Nuestra Señora de Loreto”, donde recibió su formación sacerdotal, y en las aulas de la Universidad de Córdoba cursó sus estudios filosóficos y teológicos. Fue ordenado presbítero el 4 de noviembre de 1866 por el obispo José Vicente Ramírez de Arellano y dijo su Primera Misa en la Capilla del Seminario en la festividad de Nuestra Señora de Loreto. Fue nombrado prefecto de Estudios del Seminario e inició su vida pastoral en la catedral de Córdoba. En 1869, se recibió de Maestro en Filosofía por la Universidad y en noviembre de 1869 el obispo lo destinó a Traslasierra a hacerse cargo del Curato de San Alberto. Más tarde es nombrado Párroco de Villa del Tránsito, actualmente Villa Cura Brochero, desde donde desplegó su intenso ministerio pastoral. Murió leproso y ciego en esa Villa el 26 de enero 1914, a los 74 años de edad.

    Un rasgo típico de su vida sacerdotal fue la presentación del Evangelio mediante un lenguaje vívido y cercano a la comprensión de la gente sencilla. Su preocupación estuvo en iluminar la vida de sus fieles a partir de la Palabra de Dios no de forma general y abstracta sino aplicada a las circunstancias concretas de la vida. Durante sus cabalgatas y viajes se entregaba también a la oración silenciosa y continua de donde más tarde brotaría su predicación. Sus ratos largos orando delante de la Eucaristía como así también su amor y devoción a la Virgen María, le dieron esa profundidad que es propia de la palabra que brota de la contemplación y que luego se expande en la acción apostólica. Convencido de que los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola eran un medio excelente para llevar a sus fieles a Dios, se convirtió en un gran propulsor de los mismos. A tal fin construyó con sus fieles una Casa de Ejercicios en donde llegaron a darse tandas hasta de 800 participantes cuyo fruto más notable e importante fue el cambio de vida de muchísimos hombres y mujeres. Estos "baños del alma", como denominaba a los Ejercicios Espirituales ignacianos, le llevó a predicarlos también en otras partes del país (Santiago del Estero, Tucumán) y a los presos de la Penitenciaría de Córdoba.

    En cada una de las etapas de su vida sacerdotal, el Cura Brochero se interesó también por el desarrollo socioeconómico de sus fieles, la enseñanza, los caminos, el ferrocarril. Su corazón sacerdotal se volcó siempre en el servicio hacia los más necesitados. Por esta razón, estuvo dispuesto a golpear todas las puertas y a buscar a todos aquellos que puedan darle una mano a fin de conseguir los medios temporales necesarios para que sus feligreses alcanzaran una vida más digna y cristiana. Sus gestos sacerdotales procedían del amor de Cristo Pastor que busca al hombre necesitado de paz y de perdón, de justicia, de verdad. Todo aquel que reclamaba su presencia sacerdotal (particularmente los enfermos y moribundos cuya atención normalmente requería el recorrido de decenas de kilómetros a caballo) hallaron en él al ministro de Dios siempre dispuesto a servirles hasta el fin: “Yo me felicitaría si Dios me saca de este planeta sentado confesando y predicando el Evangelio". Brochero conoció también el dolor de las pruebas en su intensa vida apostólica: críticas e incomprensiones de algunos sacerdotes, religiosas y fieles; indolencia de algunos gobernantes ante sus pedidos de colaboración (particularmente su sueño irrealizado del ferrocarril) y finalmente, su lepra.

    Mirando su vida hallamos reflejado un ejemplo viviente para todo sacerdote y un ejemplo concreto y profético de lo que nuestro pueblo anhela ver realizado en sus pastores. Ya lo señalaba un periodista en un artículo escrito en un diario cordobés en 1887: "Es un hombre de carne y huesos: dice misa, confiesa, ayuda a bien morir, bautiza, consagra la unión matrimonial, etc. Y sin embargo es una excepción: practica el Evangelio. ¿Falta un carpintero? Es carpintero. ¿Falta un peón? Es un peón. Se arremanga la sotana en donde quiera, toma la pala o la azada y abre un camino público en 15 días, ayudado por sus feligreses. ¿Falta todo? ¡Pues él es todo! y lo hace todo con la sonrisa en los labios y la satisfacción en el alma, para mayor gloria de Dios y beneficio de los hombres, y todo sale bien hecho porque es hecho a conciencia. Y no ha hecho solamente caminos públicos: Ha hecho también una buena Iglesia. Ha hecho, además, un gran colegio... ¡y todo sin subsidio de la Provincia, sin erogación por parte de los miembros de la localidad! ¡Lo ha hecho todo con sus propias garras! ¿Milagro? No. La cosa es muy sencilla. Es cuestión de honradez y voluntad. En otros términos: es cuestión de haber tomado el apostolado en serio, como lo ha tomado el cura Brochero".

    Otro rasgo de su estilo sacerdotal fue la clara conciencia de que Dios es la fuente auténtica de la dignidad humana y por tanto predicar a Cristo es llevar a todo hombre a una vida más digna y humana. Esta convicción lo llevaba a que en su acción pastoral siempre estuvieran unidos vida en Dios y vida humana más plena. En su mente y corazón de pastor, evangelización y promoción humana formaban un binomio inseparable. A diferencia de muchos sacerdotes de su época, entendió su misión de manera amplia, integral, sin limitarse a lo sacramental, llegando a alcanzar horizontes que aún hoy sorprenden por su audacia, intensidad y amplitud. Su celo evangelizador lo llevó a mejorar las condiciones de vida de sus feligreses: telégrafos, correos, escuelas públicas, caminos, tramitación para conseguir el ferrocarril, promoción del turismo en la zona, proyectos de construcción de un dique, cultivo de peces para alimento de su gente, educación de la mujer a través de la fundación del colegio de niñas con la invalorable cooperación de las Esclavas del Corazón de Jesús.

    El Episcopado Argentino en enero de 1964 --en pleno Concilio Vaticano II- expresó a través del cardenal Antonio Caggiano su adhesión a la figura de Brochero: “Como todos los grandes hombres, Brochero fue un ‘precursor’. Se adelantó a las ideas de su tiempo y a los métodos pastorales y misioneros de entonces, buscando nuevas maneras de transmitir íntegramente el mensaje cristiano. De un humilde pueblo de escasa vida espiritual, hizo una auténtica parroquia cuya irradiación espiritual todavía hoy continúa en toda la provincia de Córdoba. Se ocupó tanto del ‘cuerpo de su parroquia’ (cuidados a los necesitados, obras de caridad y misericordia, mejoras materiales en iglesias, caminos, proyecto de ferrocarril, etc.) como del ‘alma’ de la misma (enseñando, predicando, orando, convirtiendo con la palabra y el ejemplo). Amó a su parroquia hasta el fin y dio su vida por ella. Dios quiso que se inmolara en el más doloroso sacrificio, contrayendo la más penosa de las enfermedades: la lepra, en el decurso de las tareas apostólicas. Pero ni esta enfermedad ni la pérdida de la vista que la siguiera, fueron obstáculo para que el Cura Brochero fuera ‘cura hasta el final’, edificando su parroquia hasta el último día de su vida, con su oración, su Misa, su ejemplo, su caridad”.

    Por todo esto, los obispos de la provincia de Córdoba afirman que la beatificación del Padre José Gabriel Brochero "es una gracia también para toda la Iglesia que está en la Argentina y para la Iglesia Católica toda. En el misterio de la comunión de los santos, todos crecemos en la Iglesia cuando alguien como el Cura Brochero, vive en plenitud el Evangelio de Jesucristo. En esta espiritualidad de comunión la Iglesia se convierte en testimonio viviente de la Pascua de Cristo".

    "Quiera Dios concedernos que todos en la Iglesia --y de manera especial los sacerdotes- recibamos a través de este hecho de gracia que será la Beatificación de Brochero, una profunda invitación a la santidad a la que la vida de Brochero ciertamente nos interpela a través del ejemplo de su vida entregada", añaden.

    "Ponemos estos deseos en las manos de nuestra Madre Purísima, a la que tanto amó y veneró José Gabriel del Rosario Brochero", concluyen.

    Para más información se puede visitar www.curabrochero.org.ar.

    Jueves 20 Dic 2012 Villa Cura Brochero (Córdoba) (AICA) Osvaldo Flores y Sandra Violino, papás de Nicolás, contaron cómo fue el accidente automovilístico que sufrieron el 28 de septiembre de 2000 en las inmediaciones de la localidad cordobesa de Falda del Carmen, donde murió el padre de uno de ellos y su hijo Nicolás de apenas 11 años quedó gravemente herido, y por qué decidieron rezarle al Cura Brochero para que interceda y salve la vida de su hijo.

    “En el momento mismo del accidente, cuando Nicolás comienza con insuficiencia respiratoria y me doy cuenta que era muy grave le pedí y le supliqué a Brochero que interceda ante Dios Nuestro Señor para que le salve la vida, que por favor no se fuera a morir, ese pedido lo hice convencido de que Brochero me acompañaría”, dijo Flores a la página web oficial de la canonización del sacerdote José Gabriel del Rosario Brochero.

    “Cuando el médico me comunica que el estado de Nicolás es gravísimo, que hay muy pocas esperanzas de vida y que debían intervenirlo quirúrgicamente, pero no sabían si resistiría la cirugía y que si pasaba esa instancia las secuelas eran impredecibles, en ese momento, reiteré el pedido por su vida rogando en este caso que no le quedaran secuelas. También la familia desde que se anotician del accidente y la gravedad de Nicolás piden a Brochero por su vida en especial sus bisabuelos Pascuala y Ramón ambos muy devotos del Cura Brochero. Posteriormente fue intenso y permanente el pedido a Brochero por la recuperación de Nicolás, que día a día, se sigue produciendo”, agregó.

    ¿Qué ha significado para ustedes la realidad del accidente?

    El accidente fue un hito que cambió rotundamente nuestras vidas, ya que involucró directamente a toda la familia, implicó pérdidas de vidas, lesiones graves y gravísimas. Nos significó un cambio en la manera de ver y vivir nuestras vidas, tuvimos que asumir y enfrentar como padres la discapacidad sobrevenida de nuestro hijo; pero es un hecho en el que se combinan dos facetas: Una dramática, trágica y extremadamente dolorosa, y la otra llena de Fe, Seguridad y Amor. El accidente fue esencialmente lo que permitió poder vivir la manifestación plena del amor de Dios y la intercesión de Brochero, salvando la vida de nuestro hijo. Es la circunstancia que nos permite vivir y transitar nuestra realidad, dando testimonio que para Dios, nada es imposible y que el amor e intercesión de Brochero, siguen intactos en cada instante de nuestras vidas.

    Frente al dolor de la pérdida y el sufrimiento por la salud, ¿Cómo se encomendaron a Brochero?

    Osvaldo. En el momento mismo del accidente, cuando Nicolás comienza con insuficiencia respiratoria y me doy cuenta que era muy grave le pedí y le supliqué a Brochero que interceda ante Dios Nuestro Señor para que le salve la vida, que por favor no se fuera a morir, ese pedido lo hice convencido de que Brochero me acompañaría. Cuando el médico me comunica que el estado de Nicolás es gravísimo, que hay muy pocas esperanzas de vida y que debían intervenir quirúrgicamente, pero no sabían si resistiría la cirugía y que si pasaba esa instancia las secuelas eran impredecibles, en ese momento, reiteré el pedido por su vida rogando en este caso que no le quedaran secuelas. También la familia desde que se anotician del accidente y la gravedad de Nicolás piden a Brochero por su vida en especial sus bisabuelos Pascuala y Ramón ambos muy devotos del Cura Brochero. Posteriormente fue intenso y permanente el pedido a Brochero por la recuperación de Nicolás, que día a día, se sigue produciendo.

    ¿Cómo es y fue la relación familiar y personal con la figura de Brochero?

    Osvaldo. La relación familiar con Brochero es íntima y profunda, es parte permanente de nuestras vidas, es como un padre siempre presente que nos consuela, nos protege y nos da fuerzas. Desde nuestros bisabuelos, Brochero ha estado presente de diversas maneras en ambas familias y tanto a mi esposa como a mí nos infundieron desde niños la devoción a Brochero y esa devoción nos llevó a vivir los ejercicios espirituales, a casarnos en la Iglesia de Brochero, entregando nuestro matrimonio a la protección del Curita y de igual manera le encomendamos a Dios por su intercesión el cuidado de nuestro hijo ni bien nos enteramos del embarazo; y Nicolás recibió el Bautismo y su Primera Comunión en la misma iglesia. Para graficar nuestros sentimientos podríamos decir que Brochero es un miembro más de la familia, así sentimos su presencia en nuestras vidas. En lo personal mi relación con Brochero es intensa, con un sentimiento de gratitud infinita por la vida de mi hijo y reafirmando de manera concreta que él, que fue y es un hombre santo, está en un lugar privilegiado para ayudar al que lo necesite.

    ¿Cómo fue viviendo los pasos de la posibilidad que su hijo sea el destinatario del milagro de un sacerdote tan querido?

    Sandra. En nosotros siempre estuvo la convicción, la certeza de que la vida y recuperación de Nicolás era un Milagro, reforzada por las manifestaciones de algunos médicos que se expresaban en ese sentido, el 26 de Enero del 2002, sólo a poco más de un año del accidente, le acercamos al Padre Ricotti (en ese entonces párroco de Villa Cura Brochero) una carta comunicando lo que para nosotros era una gracia especial concedida por la intercesión del Cura Brochero. Frente al pronóstico desalentador en relación a las posibilidades de calidad de vida y la recuperación asombrosa de Nicolás, particularmente del lenguaje, nos llevó a comunicar los avances y logros de Nicolás, esta vez al Padre Frigerio con fecha 14/06/2005. Cuando en 2009 comenzó el proceso de estudio del presunto milagro en el Arzobispado de Córdoba, lo vivimos con una gran emoción en lo familiar, con mucha esperanza como Brocherianos, ya que hacía mucho tiempo que se esperaba un milagro para que Brochero pudiera estar en los altares, con una gran responsabilidad y compromiso para aportar todos los elementos que el tribunal nos fue requiriendo y con la tranquilidad de que Brochero estaba presente en cada paso de la causa; fue increíble ver como se iban dando las cosas. El cierre del proceso en Córdoba significó una inmensa alegría, ver materializado el estudio del presunto milagro en “esa caja lacrada” para ser enviada a Roma, es una imagen que quedará gravada en nuestras retinas, brotaba el sentimiento de que esta vez era posible.

    Osvaldo. El proceso en Roma nos generó ansiedad, sin dejar de lado la certeza sobre el presunto milagro, ya que era un examen más exigente. Debemos reconocer que para el momento de realizarse la junta médica estábamos absolutamente confiados, pero cuando Monseñor Santiago, nos habló desde Roma, avisándonos que el presunto milagro había sido aprobado por unanimidad por la junta médica, nos invadió el llanto y la alegría. La segunda instancia, la de aprobación de los Teólogos, para nosotros fue la más incierta y la que nos generó mayor expectativa y felicidad, cuando nos avisaron que también había sido positiva, y por unanimidad, fue un regocijo para nuestra Fe. Es muy difícil transmitir lo que se siente, es una emoción que desborda y había que contener esa emoción en el silencio y respeto al proceso, era saber que cada paso estaba cumplido, pero que era su Santidad quién decretaba la aprobación del milagro. Hoy nos llena de gozo poder compartir, con quiénes comulgan nuestra Fe, la experiencia vivida y el orgullo de ser parte de la gloria de Brochero, un hombre y sacerdote santo, pastor y guía, ejemplo de amor, entrega, honestidad, perseverancia, progreso, caridad y humildad…

    ¿Podría compartir su vivencia espiritual en este tema?

    Sandra. Desde lo espiritual vivimos este proceso a la luz de la Fe, y así como desde el momento del pedido, se hizo con la convicción de que se concedería, en una sincera entrega a Dios y a Brochero; de la misma manera tuvimos la certeza de que el pedido de todos, iba a ser escuchado. Nos aferramos con mayor fuerza a la oración para la beatificación de Brochero. En cada paso del proceso iba surgiendo un infinito agradecimiento. Nicolás para nosotros es un continuo milagro que nos recuerda cada día que Dios es lo esencial en nuestras vidas, como nos enseña Brochero y tratamos de vivirlo de ese modo.

    ¿Cómo lo vive Nicolás?

    Sandra. Nicolás lo vive con simpleza, para él lo más importante es la beatificación de Brochero; la oración por su beatificación se ha rezado en familia diariamente y él siente que eso es lo importante. Cuando le contamos y explicamos que su vida había sido salvada por Dios por intercesión de Brochero y le preguntamos que sentía nos dijo: “siento mucho amor en mi corazón”, creemos que es la mejor síntesis, todo este proceso ha estado lleno del amor de Dios y de Brochero.

    ¿Qué significó para la familia?

    Osvaldo. Haber recibido una doble bendición, el del milagro en sí y que sea la gracia elegida para la beatificación de Brochero, nos hacer sentir privilegiados del inmenso amor de Dios, ambas bendiciones nos sirvieron para crecer espiritualmente, para darle mayor sentido al sufrimiento, para dignificar nuestra cruz, para agradecer que Dios nos lo ha prestado por segunda vez, para tratar de vivir nuestra vidas al ejemplo de Brochero y lo vivimos con total serenidad, con mucha paz interior, pero especialmente con Fe, en la convicción de que sólo fuimos simples instrumentos para que José Gabriel del Rosario Brochero, hoy sea Beato.

    Para compartir... lo que crean que puede ayudarnos

    Sandra. Lo que nos gustaría compartir, es que si bien hoy disfrutamos de la inmensa alegría de la Beatificación de Brochero y estamos de fiesta, los caminos del Señor no son fáciles, en nuestro caso el milagro de la vida vino acompañado por un proceso que significó también mucho sufrimiento, que recibimos a veces con enojo, a veces con alegría, otras con tristeza, pero lo importante es que fue con aceptación y Fe. En esa seguridad de que era posible la recuperación de Nicolás, se encuentra sumado el esfuerzo y el trabajo diario de Nicolás, la familia, los terapeutas, los amigos, los médicos, en el convencimiento de que todos somos instrumentos para la gloria de Dios. No basta sólo con recibir el milagro, tenemos que crecer cada día y multiplicar los dones recibidos, debemos crecer en la Fe, en el amor, en el servicio, en la entrega y dar testimonio de vida.

    Osvaldo. Nuestro hijo es un ser lleno de amor, que lleva a Dios y a Brochero en su corazón y es nuestro verdadero ejemplo de vida y de Fe. Pero Nicolás es uno más de muchos milagros concedidos y seguramente muchos más son los que vendrán, lo importante es dar testimonio, compartir, no callar... Ahora como Brocherianos debemos redoblar el esfuerzo y tomar el compromiso de rezar por la canonización de Brochero.+

    Está con nosotros Alejandro Puigari para compartir las vivencias de ayer y dentro de este contexto de catolicismo evangelizador de crear redes y hacer de la catolicidad su gran vocación y su gran misión, dándoles la bienvenida a todos vamos a preguntarle a Alejandro ¿quién es Bernabé?

    Alejandro Puigari: En los Hechos de los Apóstoles aparece una figura que no siempre valoramos mucho que es Bernabé. Bernabé es por ejemplo, el primero que pone sus bienes en común, es el primero que entiende –diría el cura Brochero- que el evangelio tiene que llegar a la billetera. Es el hombre con más autoridad, el hombre que sabe discernir y es el que descubre en Pablo toda la potencialidad que él tiene. Yo lo llamo el padrino de confirmación de Pablo. Es un hombre bondadoso y evidentemente Dios lo llamaba a ocupar un lugar muy importante y es el saber ser segundo, porque Pablo tenía mucha más personalidad y a mí me gusta porque pienso que Bernabé es el José de los apóstoles. Es el que enseña que se puede hacer cosas grandes no queriendo ser primero, en silencio, acompañando a otros. Yo creo que es un momento de la historia en que hacen falta muchos Bernabé, porque si hay una tentación que nos puede hacer mucho daño, es el poder. Ciertamente hay que rezar por aquellos que tienen que ejercer la autoridad, porque necesitamos gente carismática, con fuerza, pero también hay que pedir mucho para que sepamos trabajar en equipo. Bernabé fue capaz de hacerlo pero le costó hacerlo, incluso en un momento discutieron tan fuertemente que tuvieron que separar sus caminos pero no se rompió la comunión.

    Padre Javier: Alejandro, la historia de Pablo muestra que Bernabé fue quien lo llevó de la mano para que apareciera en el concierto de los apóstoles. Si recordamos en el capítulo 9 de los Hechos de los Apóstoles se dice claramente quien era este Saulo del pueblo de Tarso, uno que perseguía a los cristianos y que de golpe se vio sorprendido por el Señor. De enemigo a seguidor de Cristo y pidiendo permiso para entrar en el proceso de comunión con la comunidad apostólica. Algunos refieren que estuvo tres años Pablo hasta aparecer entre los apóstoles y la carta de presentación fue Bernabé.

    AP: Si, y es muy linda la expresión, “se lo puso a cargo” dice el texto y realmente se hizo cargo. Y después cuando ve que hace falta una personalidad para poder evangelizar en una situación muy difícil, lo propone a Pablo. Por eso Bernabé es el hombre que tiene discernimiento, el hombre que deja que el Espíritu le vaya mostrando, es un hombre que a mí me gusta muchísimo, de hecho se lo llama Apóstol como Pablo porque ha marcado fuertemente la historia de la Iglesia primitiva.

    PJ: De lo compartido ayer hablemos de algunas preocupaciones. Las comparto yo y vos suma alguna otra de lo que hace a nuestra tarea, siempre en esperanza. Mucha interferencia en nuestras radios. Muchas necesidad de ser conocida y a veces con dificultad de hacerla presente porque tenemos espacios interferidos de nuestra señal, en todos los lugares donde estamos. La ansiedad de que haya mayor orden en el espectro. Mucho crecimiento en este tiempo con todo lo que ello supone de consolidación en el tiempo que viene para adelante en el desarrollo de nuestra red. También mucha conciencia de pequeñez, siendo una obra grande que tiene ese perfil mariano de invisibilidad a la hora de estar en un mercado de la comunicación tan complejo, tan cruzado entre fuerzas de poder. María aparece en ese concierto con un mensaje de paz, de gozo, de alegría.

    AP: Cuando nos mostraban el desarrollo de la Radio, con el crecimiento de tantas frecuencias y demás, a mí me hizo acordar al grano de mostaza. Algo muy pequeñito que no se ve pero que va creciendo y va permitiendo que todos nos cobijemos bajo su sombra. Me parece que Radio María va teniendo esa impronta de ser algo grande pero al mismo tiempo sencillo y creo que la tenemos que seguir cuidando y hacerla crecer entre todos.

    PJ: Esperemos que las interferencias pases, porque hay herramientas que están en nuestras manos, la fuerza y el poder de la oración, del ayuno, el pedir y clamar al cielo que se abra y que el espectro sea protegido y cuidado. Hoy mientras rezaba, preocupado por esto, le decía al Señor, cómo hacemos para superar esto, y se me venía la imagen de María abogada nuestra, y en el texto de la liturgia de las lecturas de hoy aparece María como abogada nuestra, y entonces pedirle a la abogada nuestra, a la Virgen, en su advocación de abogada como el Espíritu, que no es el que litiga sino el que cuida, el que protege, el que defiende, el que sostiene, el que acompaña, el que guía. Nosotros tenemos que desarrollar en el ámbito de la audiencia, aún más, este espíritu colaborativo desde la oración.

    AP: A mí me gusta mucho en los rosarios cuando al final se pide con mucha sencillez para que la Radio pueda tener el marco legal y el reconocimiento. Creo que todos los oyentes de Radio María tenemos que rezar. Creo, creo, rezo y le pido a la Virgen y que ella se encargue porque es su obra. Hoy la catequesis va tener el formato de entrevista y vamos a trabajar sobre cómo preparar este tiempo de Navidad. Cómo ir preparando el corazón para recibirlo al Señor en la Navidad.

    PJ: Los textos apocalípticos en el tiempo de Adviento son fuertes. Este Dios que viene a vengarse, dice la palabra, este Dios que viene con mano firme, este Dios que se muestra seguro de sí mismo y viene a poner las cosas en orden. Me quedo con la primera imagen, quién es este Dios que se venga, cómo es que Dios se venga.

    AP: La palabra vengarse es muy fuerte. Es una de las palabras que me dan miedo, siempre me chocó la palabra venganza en Isaías, pero cuando la lees, el Señor se venga haciéndose pequeño, haciéndose ternura, ocupándose de los pobres. Es decir, el Señor ama entrañablemente a la humanidad, no puede soportar que el hombre no esté bien.

    PJ: Y ese Dios ciertamente es un Dios insoportable, digo porque, leyendo un texto de un amigo personal que fue 8 años secretario de la Madre Teresa, el Padre Leo Massur, cuenta en una biografía que ha escrito sobre la Madre Teresa, el impacto que tuvo la Madre Teresa un día que recorría juntos en el helicóptero una zona de Sabana muy preciosa y bonita mientras iban de un lugar a otro, y dice el Padre Leo “entiendo todo de la grandeza de Dios, la majestad de Dios, viendo la creación. No entiendo, me cuesta tanto entender la humildad de Dios. Como decías recién, el “vengarse” de Dios, es tremendo que Dios se haga humilde. Que Dios se haga pequeño, que Dios se haga niño. No se lo entiende con la razón, no se lo entiende desde las estructuras del poder, no se lo entiende a este Dios que queremos hacerlo de una determinada medida, digamos que se escapa de toda categoría e invita a la adoración que es lo propio de la Navidad.

    AP: al silencio, a la contemplación y por eso en la Navidad me impresiona que los pastores sean los primeros que anuncian la Navidad a María y a José. Todos necesitamos a otro que nos anuncie, y dicen que fueron al pesebre y les contaron a María y a José. María siendo la Madre de Jesús necesitaba que otro le contara. Por eso la fe es algo que recibimos de otros y tenemos que contársela a otros.

    PJ: Esto es lo que vamos a compartir hoy con los oyentes; Quién fue la persona que en el relato de fe más te acerco a Dios. Esa persona que nos muestra a Dios, quién fue la persona que te contó de Dios y que Dios se valió de ella para que llegara a tu corazón el mensaje de vida que trae la buena noticia. En tu caso Ale?

    AP: Es difícil, pero ciertamente tengo claro digo que ha sido mi familia, siempre digo que para mí es un orgullo que en el cáliz de mi hermano Juan Alberto (Obispo de Paraná) estén los anillos de mis padres, ellos me hicieron descubrir que a Dios se lo capta naturalmente, y una figura fue la de un sacerdote, tío mío, el padre Echeverri Boneo. Yo tenía 15 años cuando murió y para mí fue la experiencia de orfandad más grande, incluso lo sentí más que la muerte de papá y mamá porque en él yo veía a un hombre de Dios sobre todo cuando celebrada la misa y después cuando estábamos en el campo, lo veía remar en el bote, pasearse en medio del trigal, reírse, y me mostró esa síntesis de naturaleza, de oración y yo lo admiraba y me marcó un modo de vivir mi fe. Uno repite lo que recibió, y él de golpe hacía una catequesis de un árbol grande, se reía de un árbol que era muy lindo por fuera y por dentro era lleno de vueltas, etc. Yo debo reconocer que él me permitió gustar de la presencia de Dios.

    PJ: en mi caso personal yo diría muchos. En casa también se respiraba Dios, mi madre desde un lugar tradicional vivía la fe fresca, con mucha devoción mariana, con la presencia de los santos, especialmente Santa Teresita del Niño Jesús, a la cual me une un vínculo personal y vocacional. Mi padre desde un costado de un convertido de grande, con una fuerza de conversión arrolladora, siempre un hombre muy sensato, muy cercano al evangelio, tengo una imagen de mi padre manejando con el rosario en la mano, y de los sacerdotes que pasaron por casa, que fueron muchos, el que me impactó fue Monseñor Karlic. Yo era muy chico y mi madre estudiaba teología en el Seminario Mayor, se había abierto el Seminario para los laicos, lo había abierto él cuando era sacerdote y un día lo invitó a casa. Desde ese día la figura sacerdotal de él, pero más que la impronta pastoral, más que la impronta de sacerdote puesto en acción, me impactó su modo de vivir a Dios, un hombre en Dios, en sencillez, en humildad. El cardenal Primatesta era amigo de mis padres y Navidad, Año Nuevo, Pascuas lo pasaba con nosotros, éramos su familia, sin embargo cuando yo decidí mi vocación al primero que fui a contarle fue a Karlic y después me llevó él a compartírselo al Cardenal.

    AP: fíjate Javier a qué edad, vos dijiste 4, 5, 6 años y creo que en este punto siempre tenemos que estar atentos. A veces no llegamos a darle la importancia que tiene cierta edad en la formación religiosa más profunda. Son edades en que se va gestando el ser religioso, y la Navidad es una fiesta para que al adulto lo ayude a ser niño y el adulto al niño le permita ser religioso.

    PJ: Ahora la pregunta te la hago como catequista que sos, estamos en un contexto social distinto donde lo religioso no es vivido como antes. Cuáles serían las actitudes con las que podemos ayudar a otros a que encuentren Navidad en esta Navidad y que no hay que hacer. Cuáles son las contraindicaciones que tendría la preparación de la Navidad para estos tiempos.

    AP: Me surgen dos imágenes que tienen que estar presentes en toda Navidad, en la Navidad tiene que haber en algún momento silencio, solo en el silencio la palaba habla. A veces les hago hacer un ejercicio, quedarse 5 minutos en silencio frente al pesebre y el silencio crea adicción, por eso los pastores adoran en silencio. No hay que renunciar a eso, quizá lo que cambia es el silencio y todos los estamos buscando. Por eso la adoración. Ayer usaron una imagen que me ayudó mucho, me ayudó mucho porque en estos días he recuperado algo que me gusta mucho, visitar a los que están en la calle que es parte de nuestra tarea en Hombre Nuevo, y es la imagen del respeto por el pobre como modo de prepararnos a la Navidad y hacías una reflexión respecto de la Eucaristía y el pobre. ¿Quisieras ponernos en esa perspectiva?

    AP: Cuando Juan Pablo II habla del texto de Mateo 25, dice que ahí hay un texto cristológico, es decir, todos reconocemos la presencia de Jesús en la Eucaristía pero Juan Pablo nos hace ver la presencia real de Jesús, una presencia especial de Jesús en el pobre y entonces todos somos muy sensibles si el Santísimo es profanado, pero no siempre somos tan sensibles si ese Jesús en el pobre es ignorado, descuidado y a veces profanado. Por eso creo que cuando se habla del pobre hay que quitarse las sandalias porque estamos pisando tierra sagrada y segundo hay que tener cuidado de no tomar el santo nombre de Dios en vano. Es decir no usar al pobre. A veces es fácil hablar del pobre, puede ser populista o demagógico, pero es descuidado porque estamos tocando una de las cosas más fuertes.

    PJ: ayer hicieron una reflexión muy buena sobre la vulnerabilidad del pobre, citándolo a Vanier, diciendo que la actitud navideña tiene que ser la capacidad del que es vulnerable, la capacidad de amar y de dejarse querer también, porque el que es vulnerable es capaz de dejar acercarse al otro pero también deja abierta la puerta para que el otro llegue.

    AP: Tuve el privilegio de acompañar en su primera comunión a un hombre de la calle, y le pregunté qué le vas a pedir a Jesús en esta Navidad, y me respondió: que nunca lo abandone, no me dijo un techo, y cuando le di la comunión se arrodillo en el quinto o sexto banco y yo le pedí a un muchacho que le sacaran una foto porque la quiero tener en mi breviario porque me encanta en la misa cuando decimos “no mires nuestros pecados sino la fe de la Iglesia” y en esa foto está la fe de la Iglesia. Verlo de rodillas totalmente compenetrado, no quiso ocupar el primer banco, el pobre tiene eso, por eso creo que una segunda manera de acercarnos a la Navidad es vivir esa solidaridad. Los chicos están esperando los regalos, yo insisto en la importancia de que hagan regalos a Jesús pobre. Que reciban su regalo pero que hagan a su vez un regalo. No el descarte, a fin de año muchos hacen orden en el ropero y tiran y lo dan en Cáritas, eso no, buscale algo lindo que vos tengas y quieras regalárselo a Jesús. Me parece que es una segunda pista.

    PJ: es una segunda pista que ayuda a mostrar el rostro real de Dios en estos tiempos que nosotros por nuestro testimonio frágil, débil, fallido, a veces hasta escandaloso como Iglesia hemos alejado a la gente de Dios. Tenemos que recuperar un camino de anuncio simple, sencillo y gestual. El gesto como modo de predicación, como modo elocuente de Dios haciéndose presente, en la Navidad y en la Cruz todo es gesto, la palabra no habla en ninguno de los dos lugares o dice muy poco, al menos entendamos que los gestos también son palabra y también son mensaje, Una de las cosas que nuestra sociedad está esperando de encontrarse con el Dios vivo y verdadero, es encontrarse con el Dios hebreo, el Dios de los gestos que después se hace palabra o en todo caso que antes de decir en palabras quién es lo dice en acontecimientos, en hechos, en compromisos.

    AP: y en lugares. No es el templo, no es el palacio, es el desierto, es la gruta. Ahí encontramos al Dios verdadero.

    PJ: para esta Navidad yo tengo mucho deseo y quiero también invitar todos los oyentes de la Radio a que dejemos la mula malacara de Brochero para la Virgen en su peregrinar hacia Belén y que junto a Brochero con la Virgen montada en el malacara entremos en esta Navidad hacia Belén. Como un deseo de corazón de verlo al Cura ahí junto a María a José y al niño entre los testigos de la fe. Me parece que la predicación sencilla, campechana, criolla, la predicación del trabajo y el progreso de Brochero, pueden ser también un muy buen modo de hablarle al mundo de hoy de que Dios sigue estando cerca.

    AP: Recién me imaginaba si como Brochero en la octava podemos visitar alguien que necesita ser visitado. Que Navidad nos encuentre frente al pesebre y que desde ese encuentro con Jesús sepamos arrimar la alegría de Navidad como hace Jesús.

    PJ: que la Iglesia nos regale el reconocimiento de esta figura escondida, perdida, laboriosa, sencilla, servicial, ignaciana tan cercana a Brochero y que sea el mismo Señor el que nos regale la pronta beatificación del Cura Brochero. Sería una alegría entrar de la mano de Brochero al año de la fe y llegar hasta donde Dios nos quiera conducir. Bíblicamente para mí la imagen de Abraham es la imagen de la fe, que fue llevado por Dios a donde no sabía, por donde no sabía tampoco. En este sentido pedirle a todos los oyentes y a nosotros mismos la capacidad de renunciar a nuestros modos de entender, a nuestros modos de querer, a nuestros modos de vincularnos, a nuestros modos de trabajar, a nuestro modo de vivenciar, para entender que hay otro modo. Ayer yo estaba cansado y pensaba que parte del cansancio es lo que uno no entrega, es lo que uno no ofrece, es lo que uno no da, es lo que uno retiene. No sé porque se me vino esta imagen pero la verdad es que me recuperó bastante energía, parece como que el Señor nos dice, esto que te preocupa y aquello que te ocupa, eso entrégalo. Me parece que Dios nos pide esto, allí no podemos entrar con muchas cosas y no programar demasiado.

    AP: Debemos también dejar el GPS. Parecería que el GPS de Dios es distinto, va susurrando y no da demasiada explicación, va acompañando. Nosotros queremos saber todo. Me imagino que el Cura Brochero no se manejaba con GPS sino que se dejaba llevar.

    PJ: En la espiritualidad ignaciana supone en el corazón de Ignacio esta perspectiva de grandes proyectos pero muy vinculados a lo sencillo. Valiéndonos de esto mismo, en la Radio tenemos que estar pensando en cómo son los próximos diez años y si hay papel higiénico en el baño. No se puede soñar con lo mucho y lo grande que viene sino resolvemos lo que hoy tenemos que resolver, y en ese sentido Dios nos lleva por cosas grandes pero por caminos simples, sencillos.

    AP: esto es interesante porque en los tiempos más complejos es donde lo sencillo tiene más fuerza, por eso en una realidad tan compleja como la actual hay que apostar por las cosas sencillas.

    PJ: la gente más sabia es la que mejor dice las cosas por eso en este tiempo de navidad en que vamos a presentar al niño Jesús pidámosle el gusto por la Navidad. La sabiduría tiene que ver con el sabor, tener sabor navideño para que a la hora de compartir la Navidad otros la reciban sencillamente anunciada por nosotros.

    Hoy tenemos muchos mensajes porque cuando se comparte en sencillez, se comparte en espíritu fraterno, en caridad fraterna y desde el corazón, nos sentimos en familia y nos parte de la misma mesa.

    (fuente: www.radiomaria.org.ar)

  • 12/21/12--02:13: Preparar la fiesta
  • “El niño que María recuesta en el pesebre es el Señor de la Historia.” Tomado de las Reflexiones de los obispos al acercarnos a la Navidad, elaborada durante la 104ª Asamblea Plenaria. Año de la Fe. Adviento 2012.

    Toda fiesta lleva su tiempo de preparación. Desde pensar el lugar, los invitados, el menú hasta los detalles de último momento. En las fiestas relacionadas con la fe sucede algo semejante. Se acerca la Navidad y nos preparamos como Iglesia-familia de Dios para ese acontecimiento tan importante. Te invito a que nos preparemos con tiempo, sin dejar lo más importante de lado, o para el final y a las apuradas.

    Siempre pensamos en algunos regalos sencillos para la familia y los amigos. ¿Por qué no pensamos un regalo para Jesús, algo que sabemos le gusta? Podés proponerte visitar a un enfermo, dar una mano a alguien pobre, colaborar con Cáritas, acercarte a algún familiar o vecino con quien estás peleado... en fin, cada uno sabe por dónde puede buscar un regalo para ofrecer. También podés regalarte algo lindo para vos: confesarte, ir a misa, rezar, leer la Palabra... ¡cuántas cosas que te hacen bien! Y, sin embargo, no siempre dedicamos el tiempo necesario para alimentar la fe.

    En la Nochebuena celebramos que Dios se hace hombre en un Niño para llegar a tu corazón. Dios se acerca a la humanidad para darnos alegría en plenitud.

    En el Evangelio que se lee este domingo en la misa, Jesús dice: “Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación” (Lc 21, 28). En pocas palabras dice mucho. Por un lado, nos da una palabra de aliento ante el cansancio o la decepción: “tengan ánimo”. Pero también es un llamado a mirar más allá, a “levantar la cabeza” y poner el corazón en la vida eterna, en nuestra vocación. La liberación es obra de Dios que viene y nos libera del pecado y de la muerte, y de todo lo que nos esclaviza y nos oprime.

    Sé que arrastramos el cansancio del año, a lo cual a veces se suma el calor y situaciones de mal humor. Pero justamente por eso es necesario levantarse y caminar con decisión hacia la meta.

    Hagas lo que hagas el 24 de diciembre será lunes y el 25 martes. Pero que sea una alegría del corazón para vos y los tuyos depende de la gracia de Dios y la libertad con que respondas.

    Por la fe podremos reconocer que Dios nos libera de toda opresión. Démosle una oportunidad a la fe. Emprendamos este tiempo hacia la Navidad como quienes buscamos respuestas más profundas.

    Hablamos de fiesta, de preparar la mesa. Los obispos reunidos en asamblea a principios de noviembre en Pilar, reflexionamos sobre varios temas, entre ellos cómo nos va como país con la mirada y el corazón puestos en la Navidad. Les comparto algunos párrafos que, me parece, suman a la hora de construir con fe y en fraternidad nuestra querida patria argentina.

    La Patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad. Un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Es esperanzador constatar que, no obstante tantas dificultades, sigue vivo en el alma de nuestro pueblo el deseo de ser Nación y de construir juntos un proyecto de país”.

    Con todos los discípulos misioneros de Jesús en Argentina ya estamos transitando los caminos de la nueva evangelización. Como pastores renovamos nuestro compromiso con el anuncio del Evangelio. Es el principal servicio que podemos ofrecerle a la sociedad argentina. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios, para amar a todos sin excluir a nadie.

    El Hijo de Dios, al encarnarse, tomó la condición de servidor. En este Año de la fe, Él nos invita a ser plenamente libres, haciéndonos como Él servidores los unos de los otros, superando tanto el egoísmo, como actitudes meramente partidistas. Todos los habitantes de nuestra patria necesitan sentirse respaldados por una dirigencia que no piense solo en sus propios intereses, sino que se preocupe prioritariamente por el bien común. “La felicidad está más en dar que en recibir.” Llegando la Navidad los argentinos debemos recordarnos la deuda pendiente de nuestra reconciliación. Se hace cada vez más necesario generar contextos de encuentro, de diálogo, de comunión fraterna que nos permitan reconocernos y tratarnos como hermanos, aborreciendo el odio y construyendo la paz.

    escrito por Monseñor Jorge Eduardo Lozano  
    Obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
    (fuente: www.diarioelargentino.com.ar)

    Jueves 20 Dic 2012 Villa Cura Brochero (Córdoba) (AICA): Villa Cura Brochero celebró que la Santa Sede confirmara esta mañana la aprobación del milagro atribuído al venerable José Gabriel del Rosario Brochero. Para festejar uno de los acontecimientos de mayor envergadura de la ciudad, el obispo de Cruz del Eje, monseñor Santiago Olivera, convocó a una misa de acción de gracias para hoy a las 20. Asimismo, confirmó a AICA que peticionó ante el Vaticano que la ceremonia de beatificación se realice el 14 de septiembre. Una comisión ya trabaja en la organización de la glorificación del sacerdote cordobés.

    La localidad cordobesa de Villa Cura Brochero celebró que la Santa Sede confirmara esta mañana la aprobación del milagro atribuído al venerable sacerdote José Gabriel del Rosario Brochero.

    La alegría de la comunidad brocheriana desbordó luego de conocer, a través de Radio Vaticana, el decreto pontificio que da definitivamente paso a la beatificación, que se espera tenga lugar el 14 de septiembre de 2013 en el paraje Alto Grande, en jurisdicción del obispado de Cruz del Eje.

    Para celebrar uno de los acontecimientos de mayor envergadura de la ciudad, el obispo de Cruz del Eje, monseñor Santiago Olivera, convocó a una misa de acción de gracias para las 20 en la parroquia Nuestra Señora del Tránsito, de Villa Cura Brochero, para la que ya comenzaron a llegar sacerdotes y fieles de localidades cercanas.


    Conocimiento de la noticia

    Alrededor de las 9.45, la comunidad conoció a través del Servicio Informativo del Vaticano (VIS, por sus siglas en inglés) la noticia del decreto pontificio.

    “Desde que nos enteramos no hemos parado de celebrar. Las campanas de la parroquia no han dejado de sonar, se han organizado caravanas de autos y la gente llega a la parroquia llorando. Las radios animan a que todo el mundo venga a tocar las campanas de la iglesia”, comentó Osvaldo Médici, un laico que colabora en la parroquia Nuestra Señora del Tránsito y se prepara para el diaconado permanente.

    “Nosotros como laicos, esperábamos la noticia, y se confirmó que el jueves era el último día para dar la noticia. Lo recibimos con ganas y con mucha fe. Estuvimos atentos a Radio Vaticana y hoy finalmente se concretó”, añadió Médici.

    Luego de conocerse la noticia, la feligresía se volcó a la parroquia Nuestra Señora del Tránsito para agradecer por la pronta beatificación del sacerdote cordobés y rezar delante de los restos del venerable religioso, que se conservan en unos vasos especiales desde que se exhumó su cuerpo en 1973.


    Confirmaciones sobre la beatificación

    El obispo de Cruz del Eje y delegado episcopal para la causa de los santos en la Argentina, monseñor Santiago Olivera, relató a AICA que conocía como se desenvolverían los hechos. “Yo estuve con el cardenal Ángelo Amato y me dijo que esperara el VIS (n. de r.: Vatican Information Service), que la comunicación se haría de ese modo”, expresó en diálogo telefónico con esta agencia. El prelado regresó de Roma el domingo 16, luego de entrevistarse con las autoridades de la Congregación para las Causas de los Santos.

    Asimismo, el obispo confirmó que la fecha estipulada para la ceremonia de beatificación será el 14 de setiembre de 2013, aunque aún se aguarda la confirmación del Vaticano.

    “Yo ya he enviado una carta al cardenal Bertone (Secretario del Estado Vaticano) para pedirle el 14 de setiembre. El cardenal Amato la anotó, pero nos falta la confirmación definitiva. Es la fecha que nosotros ponemos, y creemos que será la más probable”, dijo monseñor Olivera. El prelado reveló que la fecha fue fijada atendiendo a “cuestiones meteorológicas” y los encuentros sacerdotales que suceden en esa parte del año.

    El obispo informó que la ceremonia tendría lugar en Alto Grande, un campo prestado por la familia de Nicolás Flores, el niño curado por la intercesión del Cura Brochero. Monseñor Olivera confió a esta agencia que la familia del niño, por su parte materna, es de fuerte raigambre brocheriana. Incluso, la abuela del joven vive en la ciudad, y sus padres se casaron y bautizaron al pequeño en la misma localidad.

    Además, el obispo confirmó que una comisión, presidida por él, ya prepara lo festejos de septiembre. El equipo organizador está compuesta por monseñor Vicente Zapia y el presbítero Pedro López, vicarios generales de la diócesis; los sacerdotes Jorge Frigerio y David Silva (también de Cruz del Eje), Carlos Ponza y Javier Sotera (arquidiócesis de Córdoba) y el diácono Ángel Lasala, que oficia de coordinador y secretario del obispo.+

    Martes 18 Dic 2012 Buenos Aires (AICA) El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, transmitió que la Navidad es “una noticia que llena de alegría” porque se trata del nacimiento del Redentor, que viene a “salvar a todos”.

    Asimismo, el purpurado porteño recordó que las jornadas de fiesta que se aproximan suelen ser “días de movimiento y de sentimiento” y exhortó a no olvidar que también es “día del nacimiento”.

    El cardenal hizo esta exhortación en su habitual mensaje de Navidad que la Oficina de Prensa del arzobispado de Buenos Aires difunde por radio y televisión. Para la Navidad de este año el lema elegido fue “Navidad es Jesús”.

    “Les anuncio una noticia que los va a llenar de alegría: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador. Nace Jesús, que te viene a salvar a vos, me viene a salvar a mí y nos salva a todos”, expresó el arzobispo al comienzo de su mensaje.

    “Son días de movimiento, días de sentimiento, pero no te olvides del nacimiento. Navidad es Jesús”, relató el prelado.

    El spot fue producido por el Centro Televisivo Arquidiocesano como parte de una campaña de concientización sobre el sentido religioso de la Navidad, y además, cuenta con diferentes piezas audiovisuales que ya salieron al aire a través de la pantalla de Canal 21.

    Para más información, llamar al (011) 4342-0580 o escribir a prensa@arzbaires.org.ar.+

    1. Volver a empezar, volver a esperar

    El año litúrgico que empieza con el tiempo de Adviento, marca el ritmo vital de la Iglesia en camino hacia su realización escatológica en el encuentro definitivo con el Señor. Cada año, al recorrer el ciclo anual de los misterios de Cristo, entramos en comunión con el Señor en la triple dimensión del misterio ya anunciado y cumplido (el pasado), de su presencia permanente que nos permite participar de este misterio en la liturgia de la Iglesia (el presente), de la espera de la bienaventurada realización del misterio anunciado y ya presente en su última y definitiva manifestación (el futuro).

    Y sin embargo no deberíamos tener nunca la sensación que el año litúrgico que vuelve puntual en cada ciclo temporal, sea una repetición; como si nuestra vida y nuestra experiencia de los misterios fuera una especie de círculo cerrado que vuelve continuamente sobre sí mismo, como una eterna y monótona repetición de celebraciones. Cristo que es el Señor de la historia ha salvado nuestra experiencia humana del fatalismo del eterno retorno. El tiempo está abierto hacia el futuro, como en espiral, o como quien va hacia la cima de una montaña, subiendo poco a poco, bordeando la montaña. El tiempo es ya tiempo oportuno de Dios. Y es tiempo nuevo. Nuevo con la novedad de Dios. Nuevo con la novedad de nuestra propia experiencia humana y eclesial que permite que el misterio celebrado cobre tonos nuevos, tenga resonancias inéditas, nos ofrezca la posibilidad de vivir en salvación el momento presente de nuestra historia, en contacto con el eterno misterio de Cristo.

    Estamos ya en Adviento y se acerca Navidad. Y con estos dos momentos iniciales del año litúrgico se nos ofrece la posibilidad de vivir algunos momentos o aspectos del misterio de Cristo y de la Iglesia

    El misterio de Cristo que celebramos en este tiempo es precisamente el del Mesías anunciado, esperado, que finalmente ha llegado para realizar las promesas y las esperanzas. Y es también el misterio de aquel que tiene que venir al final de los tiempos. Por eso la Iglesia celebra el Adviento con una atención vigilante, atenta al misterio de la historia y a los signos de los tiempos, solícita por preparar los caminos del Señor y colaborar á la llegada definitiva de su Reino. Tiempo que espera con el sabor de esperanzas cumplidas; cuando llega Navidad, y se celebra la fidelidad de Dios a sus promesas con la venida de su Hijo, manifestación del amor de Dios para todos los hombres. El Verbo Encarnado, el Enmanuel, cuyos pasos se escuchan a través de las páginas del Antiguo Testamento, como afirman los Padres de la Iglesia, es ya una afirmación anticipada y una promesa cumplida que asegura a la Iglesia que también las esperanzas escatológicas tendrán su cumplimiento cabal.

    Es también Adviento tiempo de la Iglesia. Iglesia que somos nosotros. Un misterio que nos concierne y una responsabilidad que nos atañe. Iglesia de Adviento que es Iglesia en vela, comunidad de la esperanza, pueblo peregrino y misionero, depositario de las promesas e intérprete de los anhelos de toda la humanidad. Iglesia misionera del anuncio del "Esperado de todas las naciones", en un tiempo en el que para muchos pueblos todavía es Adviento.

    Adviento y Navidad son como las dos caras de una misma medalla en esta experiencia litúrgica de la Iglesia. Por una parte la espera y la esperanza; por otra la presencia y el cumplimiento de las promesas. Navidad asegura a este nuevo Adviento de la historia, en espera de Cristo glorioso, la fidelidad de Dios. No son vanas nuestras esperanzas, como no fueron vanas las del pueblo de Israel que esperaba al Mesías. Por eso Adviento es celebración de la espera mesiánica de nuestros Padres en la fe y actualización de nuestras esperanzas de cara a Cristo, cuando venga a salvar definitivamente nuestro mundo y nuestra historia. Y Navidad, en la que desemboca el Adviento, es celebración del Dios con nosotros, gozo por la compañía de Dios que desde hace dos mil años está presente en la vida de la Iglesia, a partir de su Encarnación y en una misteriosa y real presencia en los misterios de la liturgia.


    2. El sabor primitivo del Adviento cristiano: "Marana-thá"

    Sabemos que la celebración litúrgica de Adviento, como espera del Señor, es relativamente tardía en la tradición de la Iglesia. Su organización definitiva en la liturgia romana es del siglo VI. Y sin embargo lo que celebra tiene un inconfundible sabor primitivo que nos hace remontar a los primeros días de la Iglesia apostólica. La clave para entender este sentido primitivo del Adviento cristiano y vivirlo en sintonía con las esperanzas de la Iglesia primitiva nos la ofrece una palabra breve y densa en su significado; una palabra que resume la espiritualidad del Adviento y su misma oración litúrgica. Una palabra que hace de puente entre el ayer y el hoy, y nos proyecta hacia el futuro. Es la palabra "Maranatha".

    Esta expresión, conservada casi como una reliquia en la misma lengua materna de Jesús, resonaba en las asambleas primitivas como resuena hoy en nuestro Adviento. Y puede y debe convertirse para nosotros es una fórmula para la "oración del corazón", como una invocación que se hace con el latido del corazón y el ritmo respiratorio, como para entrar con todo nuestro ser en la espiritualidad del Adviento.

    Esta palabra tiene un doble significado, según sus dos posibles lecturas. Si separamos las dos primeras sílabas, la palabra Maran-athá se convierte en una afirmación gozosa, pletórica de fe. Significa: "El Señor viene" o "El Señor ha venido". Es una fórmula, pues, que aclama la presencia del Resucitado en medio de la comunidad cultual. En cambio, si la pronunciamos separando las tres primeras sílabas de la cuarta diciendo Marana-thá, la invocación se convierte en un grito de esperanza: "Ven, Señor", como en las últimas palabras del Apocalipsis: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22,20; Cfr. 1 Cor 16,22).

    Las dos lecturas tienen su fundamento literario, su significado teológico y su carga de experiencia cristiana, tanto en la primitiva comunidad cristiana como en nuestra comunidad litúrgica. El Señor está presente en su comunidad, como él lo ha prometido (Cfr. Mt 18,20). Y sin embargo esta presencia no es evidente y no es definitiva. Por eso, cuanto más real es su presencia en la Iglesia, como en la celebración eucarística, más imperioso se hace el deseo de la presencia sin velos, de la manifestación definitiva. Y por eso aclamamos: "Ven, Señor, Jesús".

    Es significativo que esta expresión se encuentre en la última página de la revelación del N.T. que es el Apocalipsis, como el último suspiro del Espíritu y de la Esposa, como la oración definitiva e incesante que rasga los cielos a través de los tiempos y resuena como un secreto de la historia que tiene que cumplirse, esperanza y deseo de los cristianos, pero con una proyección universal. Hasta el momento en que se escuche ya cercana la voz del que continuamente viene y diga: "Sí, vendré pronto" (Ap 22,20). Entonces comprenderemos que ya estaba con nosotros. Y ahora nos invita a que para siempre estemos con El. Curiosamente sabemos que esta expresión cristiana ha nacido en el ambiente de las celebraciones eucarísticas primitivas. Los discípulos que habían conocido al Maestro y hablaban de él suscitaban, podemos pensar, una gran nostalgia por su persona, un gran deseo de conocerlo. Esta nostalgia se convirtió en impaciencia escatológica por su venida, cuando las comunidades primitivas creyeron inminente su retorno. Por eso cada vez que en el memorial litúrgico del Señor, la Eucaristía, se celebraba en un intenso clima de esperanza, se evocaba la presencia del Resucitado y se profesaba la fe en su misteriosa autodonación en los signos del pan y del vino, "eucaristizados". Y sin embargo la presencia sacramental no colmaba el deseo de verlo cara a cara y se hacía más ardiente la súplica: "Marana-thá: "Señor, ven".


    3. Adviento, proyección de la Pascua 

    Esta experiencia primitiva de la espera impaciente del retorno del Señor que nace de la Pascua, es fundamento de nuestra celebración actual del Adviento, como lo es también aquella larga espera de nuestros Padres en la fe que volvían sus miradas hacia el futuro, casi vislumbrando, como hacen los profetas, los rasgos de aquel que tenía que venir para salvar a su pueblo. Por eso el tema del "Marana-thá", repetido en las invocaciones y en los himnos de Adviento, es como una prolongación de la invocación del Padre nuestro: "Venga a nosotros tu Reino". Ambas invocaciones nos permiten vivir una instancia fundamental de la experiencia cristiana que la Iglesia celebra de un modo coral en Adviento: la esperanza de la definitiva venida del Señor.

    Así Adviento es como una proyección de la Pascua, una ritualización prolongada de una de las dimensiones esenciales de la Vigilia pascual que es la raíz y síntesis de todo el Año litúrgico. En realidad, la primera ritualización de la esperanza escatológica, los cristianos la celebraban en la Vigilia pascual. Si antiguas tradiciones hebreas aseguraban que el Mesías tenía que venir en la celebración de la Cena pascual, los cristianos recogieron también esta tradición. Cuando se reunían para celebrar la Pascua tenían la certeza de que el Señor volvería una vez u otra. Un texto de San Jerónimo nos recuerda esta curiosa tradición: "Una tradición de los judíos dice que Cristo vendrá a medianoche, como en el tiempo de Egipto, cuando se celebró la Pascua... De aquí creo que viene la tradición apostólica que ha llegado hasta nosotros; según ésta no es lícito despedir la asamblea en la vigilia pascual antes de medianoche, mientras se espera todavía la venida de Cristo. Pero pasado este tiempo, todos hacen fiesta, al recobrar de nuevo la seguridad".

    Textos litúrgicos antiguos, conservados todavía hoy en la celebración eucarística ambrosiana, ponen en labios del Señor estas palabras con las que aclamamos su presencia después de la consagración: "Cada vez que hagáis esto, lo haréis como memorial mío: anunciaréis mi muerte, proclamaréis mi resurrección, esperaréis con confianza mi retomo, hasta que venga de nuevo a vosotros desde el cielo".

    Se puede, pues, afirmar que Adviento celebra un fragmento de la Pascua, su dimensión escatológica, y al colocarse como preparación del principio del misterio pascual que es Navidad, nos hace revivir la otra espera y la otra venida. La espera de los justos del Antiguo Testamento, y la venida que cumplió tantas promesas, el misterio de Navidad, misterio de la presencia del Dios con nosotros.

    escrito por Jesús Castellano 
    (fuente: www.mercaba.org)

    Durante la catequesis semanal el papa habló del ''Sí'' de la Virgen María

    CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 19 diciembre 2012 (ZENIT.org).- En su cita semanal de la Audiencia general con peregrinos y fieles de todos el mundo, entre los que estaban los religiosos de la congregación de los Legionarios de Cristo en su peregrinación anual, el papa Benedicto XVI continuó con la catequesis por el Año de la Fe, durante la cual abordó el tema “La Virgen María: Icono de la fe obediente”, a partir del misterio de la Anunciación.

    Recordó el papa el lugar especial que tiene la Madre de Dios en el camino del Adviento, pues ha sido ella quien “de un modo único ha esperado el cumplimiento de las promesas de Dios, acogiendo en la fe y en la carne a Jesús, el Hijo de Dios, en obediencia total a la voluntad divina”.

    “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc. 1,28)

    En un rápido pero profundo recorrido por la escena de la Anunciación narrada por el evangelista san Lucas, el Catequista universal hizo ver que el saludo del ángel a María fue “una invitación a la alegría profunda, (que) anuncia el fin de la tristeza que hay en el mundo frente al final de la vida, al sufrimiento, a la muerte, al mal, a la oscuridad del mal que parece oscurecer la luz de la bondad divina”. Por eso, añadió, “es un saludo que marca el comienzo del Evangelio, la Buena Nueva”.

    “¿Pero por qué María es invitada a alegrarse de esta manera?”, se preguntó, para luego hacer referencia a la profecía de Sofonías (cf. 3,14-17), donde se lee una doble promesa hecha a Israel, a la hija de Sión, de que Dios vendrá como un salvador y habitará en medio de su pueblo, en el vientre de la hija de Sión.

    Por ello, siguió el papa, “en el diálogo entre el ángel y María se realiza exactamente esta promesa: María se identifica con el pueblo desposado con Dios, es en realidad la hija de Sión en persona; en ella se cumple la espera de la venida definitiva de Dios, en ella habita el Dios vivo”.

    En el saludo del ángel, María también es llamada “llena de gracia”. Sobre esto, Benedicto XVI explicó que en griego el término “gracia”, charis, tiene la misma raíz lingüística de la palabra “alegría”, por lo que “en esta expresión se aclara aún más la fuente de la alegría de María: la alegría proviene de la gracia, que viene de la comunión con Dios, de tener una relación tan vital con Él, de ser morada del Espíritu Santo, totalmente modelada por la acción de Dios”, afirmó.

    E invitó a ver a María como “la criatura que de una manera única ha abierto la puerta a su Creador, se ha puesto en sus manos, sin límites”.

    “Hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1,38)

    Ya María, para el papa, “vive totalmente de la y en la relación con el Señor (..)Y se somete libremente a la palabra recibida, a la voluntad divina en la obediencia de la fe”.

    Para los cristianos, la Virgen de Nazareth es modelo, como Abraham de “la apertura del alma a Dios y a su acción en la fe (que) también incluye el elemento de la oscuridad”.

    Recordó que María estaba abierto de tal modo a Dios, que “llega a aceptar la voluntad de Dios, aún si es misteriosa, a pesar de que a menudo no corresponda a la propia voluntad”, como lo fue aquella espada que atravesaría su alma, que proféticamente se lo dirá el viejo Simeón en el momento en que Jesús es presentado en el Templo (cf. Lc. 2,35).

    Nuevamente, en comparación con el sacrificio de Abraham, el santo padre hizo notar que su plena confianza en la promesas de Dios, fue también misteriosa y difícil, casi imposible de aceptar. Y lo trasladó hasta María, quien por su fe “vive la alegría de la Anunciación, pero también pasa a través de la oscuridad de la crucifixión del Hijo, a fin de llegar hasta la luz de la Resurrección”.

    De esto no están exentos los creyentes de hoy, porque “encontramos momentos de luz, pero también encontramos pasajes en los que Dios parece ausente, su silencio pesa sobre nuestro corazón y su voluntad no se corresponde con la nuestra, con aquello que nos gustaría”.

    La invitación del papa fue a abrirse a Dios, porque en la medida que se hace, “recibimos el don de la fe, ponemos nuestra confianza en Él por completo --como Abraham y como María--, tanto más Él nos hace capaces, con su presencia, de vivir cada situación de la vida en paz y garantía de su lealtad y de su amor”.

    “Guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc, 2,19)

    Quizás con el ambiente fresco de estos días por la reciente publicación de su libro sobre la Infancia de Jesús, Benedicto XVI se refirió a otro pasaje relevante de la vida de María, cuando con José, llevan a su hijo a Jerusalén, al Templo.

    Como es conocido por todos, el niño es perdido y hallado por unos padres preocupados que reciben por toda respuesta de Jesús, que él tenía que estar “en la casa de su Padre”. Ante esto, dijo el papa, María acepta que su hijo debe estar “en la propiedad del Padre, en la casa del Padre, como lo está un hijo”. Y es un momento nuevo en que María “debe renovar la fe profunda con la que dijo "sí" en la Anunciación; debe aceptar que la precedencia la tiene el verdadero Padre de Jesús; debe ser capaz de dejar libre a ese Hijo que ha concebido para que siga con su misión”.

    Un "sí", “que se repite a lo largo de toda su vida, hasta el momento más difícil, el de la Cruz”, enseñó.

    Aquí, con la atención de todo el auditorio que llegaron para escucharlo, se hizo una nueva pregunta “¿cómo ha podido vivir de esta manera María junto a su Hijo, con una fe tan fuerte, incluso en la oscuridad, sin perder la confianza plena en la acción de Dios?”

    Esto significa –añadío-- “que María entra en un diálogo íntimo con la Palabra de Dios que le ha sido anunciada, no la tiene por superficial, sino la profundiza, la deja penetrar en su mente y en su corazón para entender lo que el Señor quiere de ella, el sentido del anuncio”.

    María, concluye, “‘unía’ y ‘juntaba’” en su corazón todos los eventos que le iban sucediendo; ponía cada elemento, cada palabra, cada hecho dentro del todo y lo comparaba, los conservaba, reconociendo que todo proviene de la voluntad de Dios”.

    Porque para el papa, María no se detiene en una primera comprensión superficial de lo que sucede en su vida, sino que sabe mirar en lo profundo, se deja interrrogar por los acontecimientos, los procesa, los discierne, y adquiere aquella comprensión que solo la fe puede garantizarle”.

    Finalmente, invitó a los presentes, ante la pronta solemnidad de la Natividad del Señor “a vivir esta misma humildad y obediencia de la fe (porque) la gloria de Dios se manifiesta en el triunfo y en el poder de un rey, no brilla en una ciudad famosa, en un palacio suntuoso, sino que vive en el vientre de una virgen, se revela en la pobreza de un niño”.

    Saludos en español

    Ante la presencia de numerosos peregrinos de lengua española, el santo padre dirigió las siguientes palabras:“Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los Legionarios de Cristo que recientemente han sido agregados al Orden Sacerdotal, así como a sus familiares. Saludo a los grupos venidos de España y de los países latinoamericanos.

    Que la próxima solemnidad de la Navidad, en la que contemplamos cómo Dios pone su morada en el seno de la Virgen, nos haga crecer en el amor al Señor, acogiendo con humildad su Palabra. Muchas gracias y Feliz Navidad”. (javv)

    Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
    (Lc. 1, 39-45)

    En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".

    Palabra del Señor.
    Gloria a ti, Señor Jesús.

    ¿Quién se ha preparado y esperado con más amor que María la llegada a la Tierra de Jesús? Ella “le concibió en la mente antes que en su seno: precisamente por medio de la fe”, como enseña S. Agustín entre otros Santos Padres. María es el modelo para abrirse con fe al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, fe que no es aparcar la razón, pero sí el racionalismo. Hay que pedir al Señor este don a través de María.

    “Cuando Dios revela hay que prestarle la obediencia de la fe” (Rom 16,26). María confió sin reservas en Dios y “se consagró totalmente a sí misma, como esclava del Señor, a la persona y a la obra de su Hijo” (L. G. 56) desde el instante en que el ángel le expuso lo que Dios quería de Ella. Por ello Isabel, llena del Espíritu Santo, le dijo: “¡Dichosa tú que has creído!”.

    Isabel tenía motivos para alabar la fe de María porque su marido, Zacarías, también recibió una comunicación de Dios a través del ángel, pero dudó de que, debido a su ancianidad y ante la esterilidad de su mujer, pudiera realizarse.

    María no sólo cree sin vacilación en algo absolutamente increíble en aquel tiempo: dar a luz un hijo sin intervención de varón, sino que, al aceptar el plan de Dios, asume un riesgo gravísimo para su reputación e incluso para su vida, en una sociedad tan poco tolerante como la de entonces. El peligro de que la acusaran de adulterio y pudiera morir apedreada no puede descartarse. Nazaret era una aldea de pocos habitantes, donde todo el mundo se conocía. En esos lugares, donde suelen menudear las críticas, las pequeñas rencillas y donde no faltan los fanáticos, María, con su sí a Dios, exponía mucho.

    “La fe de María puede parangonarse a la de Abraham, llamado por el Apóstol ‘nuestro padre en la fe’ (cf Rom 4,12)... Como Abraham, ‘esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones’ (cf Rom 4,18), así María, en el instante de la anunciación, después de haber manifestado su condición de virgen (‘¿cómo será esto, puesto que no conozco varón?’), creyó que por el poder del Altísimo, por obra del Espíritu Santo, se convertiría en la Madre del Hijo de Dios según la revelación del ángel” (Juan Pablo II).

    Necesitamos una fe más robusta, capaz de afrontar con éxito las distintas, y a veces graves, situaciones que se nos presentan a diario. La fe amplía nuestros conocimientos y agranda el corazón. La fe mueve montañas, ayudándonos a superar dificultades, penas y dolores. La fe da sentido a la vida y a la muerte, y es promesa de vida eterna. Pidamos a Dios, por intercesión de su Madre, lo que pedían los Apóstoles: “Señor, auméntanos la fe” (Lc 17,5).

    escrito por el Padre Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alba (fuente: almudi.org)

  • 12/24/12--02:51: María, Madre de Dios
  • “Y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada”. (Lc 2, 7) 


    Jesús, el Hijo de Dios y Salvador de los hombres, quiso nacer en Belén en una gruta. José y María sólo tuvieron un pesebre donde recostarlo, el lugar donde comen los animales. En medio de esta extrema pobreza, Jesús se sintió feliz desde el primer momento en los brazos de su madre María.

    Siendo Dios, no quiso renunciar al gozo de acunarse en su querer. Jesús nos enseña a ponernos en manos de María como niños, día a día.

    El evangelio explica que María y José no tuvieron un lugar donde alojarse: “Los suyos no lo recibieron” (Jn 1, 11). La pobreza del pesebre es un anuncio de la vida pobre que escogió Jesús para sí y para sus padres, y para la pobreza y desnudez con que iba a morir por nosotros en la cruz.

    Pero no todos fueron indiferentes a su nacimiento. Jesús se dejó conocer por las personas sencillas, los pastores, y por aquellos que lo buscaban con sincero corazón, los magos de Oriente.

    “El ángel les dijo: “No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy os ha nacido en la ciudad de David un Salvador, el Mesías, el Señor”. (Lc 2, 10)

    A la invitación del ángel, los pastores responden con entusiasmo y prontitud. María los recibe y les muestra y ofrece a Jesús. Ésta es la primera manifestación de Jesús y se realiza por medio de María. Es la primera entrega que hace de si mismo a los hombres y lo hace a través de su Madre. Esto nos muestra que, por voluntad de Cristo, el mejor camino para llegar a Jesús es María.

    Respondamos al nacimiento de Jesús de la misma manera como lo hicieron los pastores. En esta Navidad vayamos a adorarlo, preparemos nuestro corazón y hagámoslo sencillo como el de los pastores.

    Pidamos perdón por tantas veces que Jesús ha querido entrar en nuestro corazón y no lo hemos recibido; por tantas veces que ha querido hacer algo grande en nosotros y no le hemos dejado. Hagamos sacrificios y actos de caridad para recibir al niño Jesús en nuestro corazón.

    Pidamos a María que nos deje entrar en la gruta, para acompañarla y vivir la Navidad contemplando a Jesús con Ella. Y a san José le pedimos que nos ayude a ser como él fieles colaboradores del plan que Dios tiene sobre nosotros, para que los hombres conozcan a Cristo y lo comuniquen a los demás.

    (fuente: www.virgenperegrina.es)

    Continúa la catequesis semanal del papa por el Año de la Fe.


    CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 19 diciembre 2012 (ZENIT.org).- Durante la habitual Audiencia de los miércoles, el santo padre Benedicto XVI siguió desarrollando su catequesis semanal por el Año de la Fe, esta vez dedicada a la Madre de Dios, con el título: “Virgen María: Ícono de la fe obediente”.A continuación el mensaje íntegro para nuestros lectores.

    Queridos hermanos y hermanas:

    En el camino del Adviento, la Virgen María tiene un lugar especial, como aquella que de un modo único ha esperado el cumplimiento de las promesas de Dios, acogiendo en la fe y en la carne a Jesús, el Hijo de Dios, en obediencia total a la voluntad divina. Hoy quisiera reflexionar con ustedes brevemente sobre la fe de María a partir del gran misterio de la Anunciación.

    “Chaîre kecharitomene, ho Kyrios meta sou”,“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc. 1,28). Estas son las palabras --relatadas por el evangelista Lucas--, con las que el arcángel Gabriel saluda a María. A primera vista el término chaîre, “alégrate”, parece un saludo normal, usual en la costumbre griega, pero esta palabra, cuando se lee en el contexto de la tradición bíblica, adquiere un significado mucho más profundo. Este mismo término está presente cuatro veces en la versión griega del Antiguo Testamento y siempre como un anuncio de alegría para la venida del Mesías (cf. Sof. 3,14; Joel 2,21; Zac 9,9; Lam 4,21). El saludo del ángel a María es entonces una invitación a la alegría, a una alegría profunda, anuncia el fin de la tristeza que hay en el mundo frente al final de la vida, al sufrimiento, a la muerte, al mal, a la oscuridad del mal que parece oscurecer la luz de la bondad divina. Es un saludo que marca el comienzo del Evangelio, la Buena Nueva.

    ¿Pero por qué María es invitada a alegrarse de esta manera? La respuesta está en la segunda parte del saludo: “El Señor está contigo”. También aquí, con el fin de comprender bien el significado de la expresión debemos recurrir al Antiguo Testamento. En el libro de Sofonías encontramos esta expresión“: ¡Grita de alegría, hija de Sión!... El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti… ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso!” (3,14-17). En estas palabras hay una doble promesa hecha a Israel, a la hija de Sión: Dios vendrá como un salvador y habitará en medio de su pueblo, en el vientre de la hija de Sión. En el diálogo entre el ángel y María se realiza exactamente esta promesa: María se identifica con el pueblo desposado con Dios, es en realidad la hija de Sión en persona; en ella se cumple la espera de la venida definitiva de Dios, en ella habita el Dios vivo.

    En el saludo del ángel, María es llamada “llena de gracia”; en griego el término “gracia”, charis, tiene la misma raíz lingüística de la palabra “alegría”. Incluso en esta expresión se aclara aún más la fuente de la alegría de María: la alegría proviene de la gracia, que viene de la comunión con Dios, de tener una relación tan vital con Él, de ser morada del Espíritu Santo, totalmente modelada por la acción de Dios. María es la criatura que de una manera única ha abierto la puerta a su Creador, se ha puesto en sus manos, sin límites. Ella vive totalmente de la y en la relación con el Señor; es una actitud de escucha, atenta a reconocer los signos de Dios en el camino de su pueblo; se inserta en una historia de fe y de esperanza en las promesas de Dios, que constituye el tejido de su existencia. Y se somete libremente a la palabra recibida, a la voluntad divina en la obediencia de la fe.

    El evangelista Lucas narra la historia de María a través de un buen paralelismo con la historia de Abraham. Así como el gran patriarca fue el padre de los creyentes, que ha respondido al llamado de Dios a salir de la tierra en la que vivía, de su seguridad, para iniciar el viaje hacia una tierra desconocida y poseída solo por la promesa divina, así María confía plenamente en la palabra que le anuncia el mensajero de Dios y se convierte en un modelo y madre de todos los creyentes.

    Me gustaría hacer hincapié en otro aspecto importante: la apertura del alma a Dios y a su acción en la fe, también incluye el elemento de la oscuridad. La relación del ser humano con Dios no anula la distancia entre el Creador y la criatura, no elimina lo que el apóstol Pablo dijo ante la profundidad de la sabiduría de Dios, “¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!” (Rm. 11, 33). Pero así aquel –que como María--, está abierto de modo total a Dios, llega a aceptar la voluntad de Dios, aún si es misteriosa, a pesar de que a menudo no corresponde a la propia voluntad y es una espada que atraviesa el alma, como proféticamente lo dirá el viejo Simeón a María, en el momento en que Jesús es presentado en el Templo (cf. Lc. 2,35). El camino de fe de Abraham incluye el momento de la alegría por el don de su hijo Isaac, pero también un momento de oscuridad, cuando tiene que subir al monte Moria para cumplir con un gesto paradójico: Dios le pidió que sacrificara al hijo que le acababa de dar. En el monte el ángel le dice: “No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu único hijo” (Gen. 22,12); la plena confianza de Abraham en el Dios fiel a su promesa existe incluso cuando su palabra es misteriosa y difícil, casi imposible de aceptar. Lo mismo sucede con María, su fe vive la alegría de la Anunciación, pero también pasa a través de la oscuridad de la crucifixión del Hijo, a fin de llegar hasta la luz de la Resurrección.

    No es diferente para el camino de fe de cada uno de nosotros: encontramos momentos de luz, pero también encontramos pasajes en los que Dios parece ausente, su silencio pesa sobre nuestro corazón y su voluntad no se corresponde con la nuestra, con aquello que nos gustaría. Pero cuanto más nos abrimos a Dios, recibimos el don de la fe, ponemos nuestra confianza en Él por completo --como Abraham y como María--, tanto más Él nos hace capaces, con su presencia, de vivir cada situación de la vida en paz y garantía de su lealtad y de su amor. Pero esto significa salir de sí mismos y de los propios proyectos, porque la Palabra de Dios es lámpara que guía nuestros pensamientos y nuestras acciones.

    Quiero volver a centrarme en un aspecto que surge en las historias sobre la infancia de Jesús narradas por san Lucas. María y José traen a su hijo a Jerusalén, al Templo, para presentarlo y consagrarlo al Señor como es requerido por la ley de Moisés: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor” (Lc. 2, 22-24). Este gesto de la Sagrada Familia adquiere un sentido más profundo si lo leemos a la luz de la ciencia evangélica del Jesús de doce años que, después de tres días de búsqueda, se le encuentra en el templo discutiendo entre los maestros. A las palabras llenas de preocupación de María y José: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando”, corresponde la misteriosa respuesta de Jesús: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?” (Lc. 2,48-49). Es decir, en la propiedad del Padre, en la casa del Padre, como lo está un hijo. María debe renovar la fe profunda con la que dijo "sí" en la Anunciación; debe aceptar que la precedencia la tiene el verdadero Padre de Jesús; debe ser capaz de dejar libre a ese Hijo que ha concebido para que siga con su misión. Y el "sí" de María a la voluntad de Dios, en la obediencia de la fe, se repite a lo largo de toda su vida, hasta el momento más difícil, el de la Cruz.

    Frente a todo esto, podemos preguntarnos: ¿cómo ha podido vivir de esta manera María junto a su Hijo, con una fe tan fuerte, incluso en la oscuridad, sin perder la confianza plena en la acción de Dios? Hay una actitud de fondo que María asume frente a lo que le está sucediendo en su vida. En la Anunciación, ella se siente turbada al oír las palabras del ángel --es el temor que siente el hombre cuando es tocado por la cercanía de Dios--, pero no es la actitud de quien tiene temor ante lo que Dios puede pedir. María reflexiona, se interroga sobre el significado de tal saludo (cf. Lc. 1,29). La palabra griega que se usa en el Evangelio para definir este “reflexionar”, “dielogizeto”, se refiere a la raíz de la palabra “diálogo”. Esto significa que María entra en un diálogo íntimo con la Palabra de Dios que le ha sido anunciada, no la tiene por superficial, sino la profundiza, la deja penetrar en su mente y en su corazón para entender lo que el Señor quiere de ella, el sentido del anuncio. Otra referencia sobre la actitud interior de María frente a la acción de Dios la encontramos, siempre en el evangelio de san Lucas, en el momento del nacimiento de Jesús, después de la adoración de los pastores. Se dice que María “guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc, 2,19); el término griego es symballon, podríamos decir que Ella “unía”, “juntaba” en su corazón todos los eventos que le iban sucediendo; ponía cada elemento, cada palabra, cada hecho dentro del todo y lo comparaba, los conservaba, reconociendo que todo proviene de la voluntad de Dios. María no se detiene en una primera comprensión superficial de lo que sucede en su vida, sino que sabe mirar en lo profundo, se deja interrrogar por los acontecimientos, los procesa, los discierne, y adquiere aquella comprensión que solo la fe puede garantizarle. Y la humildad profunda de la fe obediente de María, que acoge dentro de sí misma incluso aquello que no comprende de la acción de Dios, dejando que sea Dios quien abra su mente y su corazón. “Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lc. 1,45), exclama la pariente Isabel. Es por su fe que todas las generaciones la llamarán bienaventurada.

    Queridos amigos, la solemnidad de la Natividad del Señor, que pronto celebraremos, nos invita a vivir esta misma humildad y obediencia de la fe. La gloria de Dios se manifiesta en el triunfo y en el poder de un rey, no brilla en una ciudad famosa, en un palacio suntuoso, sino que vive en el vientre de una virgen, se revela en la pobreza de un niño.

    La omnipotencia de Dios, también en nuestras vidas, actúa con la fuerza, a menudo silenciosa, de la verdad y del amor. La fe nos dice, por lo tanto, que el poder inerme de aquel Niño, al final gana al ruido de los poderes del mundo.

    Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.

    Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
    (Lc. 2, 1-14)

    En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Angel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre". Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!".

    Palabra del Señor
    Gloria a ti, Señor Jesús.

    Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Hoy nos unimos a los cristianos del mundo entero, que con gozo celebran el nacimiento del salvador.”Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor con alegría, bendecid su nombre”(Samo 97). “Bendito el Niño que hoy ha hecho regocíjese Belén. Bendito el bebé que hoy ha rejuvenecido a la humanidad. Bendito el fruto bendito de María que ha enriquecido nuestra pobreza y ha colmado nuestra necesidad. Bendito Aquel que ha venido a curar nuestra enfermedad, nuestra torpeza, nuestro pecado. Gloria a tu venida, que ha dado vida a los hombres” (S. Efrén). Nos unimos a las voces de todas las criaturas para dar gracias a Dios por su bondad.

    Somos como los pastores que en la noche, a la intemperie, vieron una gran luz y se llenaron de inmensa alegría: cada uno viene hoy aquí con su “noche”, con sus oscuridades y con sus deseo de vida, de luz y de paz. Sabemos que en esta noche de Navidad no todo es alegría. Se mezclan muchas cosas: recuerdos, añoranzas, el vacío de personas queridas que nos dejaron, nuestras dudas, nuestras penas, nuestros temores También nosotros, como los pastores estamos en la “noche”: participamos de la noche del mundo.

    Pero “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; habitaban tierras de sombras, y una luz les brilló”(Is.9,1).En nuestra “noche” y en la “noche” del mundo ha brillado la luz. Nuestra “noche” se ha llenado de esperanza. “No temáis, hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”(Lc. 2,1-14). No temáis, quitad de vuestro corazón toda tristeza, porque un Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado.(cf. Is. 9,5-6). Un Niño que ha quebrantado la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro. Nos ha nacido un Niño cuyo nombre es Príncipe de la paz. El ángel les dijo a los pastores: esta será la señal: “lo encontraréis envuelto en pañales y acostado en un pesebre”(Lc.2,1-14).

    Hoy os invito a vivir la sorpresa y la emoción de aquellos pastores. Los pastores dijeron: vamos a Belén a ver el suceso que nos ha dado a conocer el Señor. Tenemos que ir a “Belén”. Hoy la Iglesia nos invita a caminar hacia el Misterio de Belén. Pero, para entrar en Belén hay que hacerse pequeño y tener un corazón limpio:”Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”.

    Los limpios de corazón “verán” a Dios en el Niño del pesebre. Verán a un Dios que se hace pequeño para llegar a los pequeños. Verán al Inmenso, al Inmortal, humillándose para mostrar su Rostro a los que viven sumidos en la tristeza del pecado. “Celebremos el día afortunado en el que quien era el inmenso y eterno día, que procedía del inmenso y eterno día, descendió hasta este día nuestro tan breve y temporal. Y se convirtió para nosotros en justicia, santificación y redención” (S.Agustín)

    . Hoy celebramos la venida al mundo de Aquel que ha querido compartir con el hombre la condición humana para destruir, en la misma naturaleza humana, la raíz de toda tristeza, que es el pecado, y para que el hombre compartiendo la vida divina recuperase la fuente de la alegría y alcanzase su dignidad de hijo de Dios. “Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro salvador. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; esa misma que acaba con el temor de la inmortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida (...) Demos, por tanto, queridos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de su Hijo, en el Espíritu Santo, puesto que se apiadó de nosotros por la gran misericordia con que nos amó.

    Estando nosotros muertos por los pecados nos ha hecho vivir con Cristo, para que gracias a Él fuésemos una criatura nueva, una nueva creación. Despojémonos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras (...) y renunciemos a las obras de la carne. Reconoce , cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de que cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado al reino de la luz” (S. León Magno). Ante el misterio de Belén uno no puede permanecer indiferente.

    Uno no puede seguir aprisionado por el pecado. Ante un Dios que, en su infinita bondad, se nos muestra en la fragilidad de un recién nacido, uno no puede seguir aprisionado por el pecado, endurecido en su egoísmo y engañado en su soberbia. Ante un Dios que nos abre los brazos lleno de ternura en este niño, envuelto en pañales y recostado en un pesebre, uno tiene que cambiar de conducta, tiene que ablandar su corazón y, rendido ante tanta benevolencia, tiene que abrir también sus brazos al que con tanto amor quiere acogerle.

    Celebrar el nacimiento de Cristo es celebrar nuestra liberación. Entrar en el misterio de Belén es entrar en el misterio del amor infinito de Dios. “Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo querido para que alcancemos por medio de Él la redención y el perdón de los pecados” . Hoy “ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a una vida sin religión y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y salvador nuestro y Salvador nuestro Jesucristo” (Tit. 2,11-14).

    Queridos hermanos, Belén nos invita a una vida nueva. No perdamos la oportunidad que esta Noche santa nos ofrece. Abracemos a Cristo que viene a salvarnos, entremos decididamente en la Iglesia que es nuestra Madre y en la que Cristo sigue vivo, alimentemos nuestro espíritu con la Palabra de Dios hecha carne, recibamos la gracia del Señor en los sacramentos y caminemos hacia la santidad que es nuestra meta.

    Feliz Navidad a todos. Llevemos la alegría de la Navidad a nuestras familias. Seamos en el mundo testigos de la esperanza. Y anunciemos a todos los hombres, como el ángel a los pastores, la Buena Nueva de la Salvación.

    (fuente: www.diocesisgetafe.es)

    Divino Niño Jesús
    Verbo del Padre Eterno, Conviérteme.
    Hijo de María, Tómame como Hijo Tuyo.
    Maestro mío, Enséñame.
    Príncipe de La Paz,  Dame La Paz.
    Refugio mío, Recíbeme.
    Pastor mío, Alimenta Mi Alma.
    Modelo de Paciencia, Consuélame.
    Manso y Humilde de Corazón, Ayúdame a Ser Como Tú.
    Redentor mío, Sálvame.
    Mi Dios y Mi Todo, Dirígeme.
    Verdad Eterna, Instrúyeme.
    Apoyo mío, Dame Fuerzas.
    Mi Justicia, Justifícame.
    Mediador Mío con El Padre, Reconcíliame.
    Medico de mi Alma, Cúrame.
    Juez mío, Perdóname.
    Rey mío, Gobiérname.
     Santificación mía, Santifícame.
    Pozo de Bondad, Perdóname.
    Pan Vivo del Cielo, Nútreme.
    Padre del Pródigo, Recíbeme.
    Júbilo de mi Alma , Sé mi única Felicidad.
    Ayuda mía, Asísteme.
    Imán de Amor, Atráeme.
    Protector mío, Defiéndeme.
    Esperanza mía, Sostenme.
    Objeto de mi Amor, úneme a Ti.
    Fuente de mi Vida, Refréscame.
    Mi Divina Víctima, Redímeme.
    Mi último Fin, Déjame Poseerte.
    Mi Gloria, Glorifícame.
    Divino Niño Jesús, En Ti Confío.

    Amén.

    (fuente: oracionesydevocionescatolicas.com)

  • 12/26/12--03:13: Quiero ser como un niño
  • Señor, mi Dios, quiero ser como un niño. 
    A veces no sé bien lo que eso significa, 
    pero me pongo en tus manos, 
    me abandono. 
    Consuélame en mis heridas, 
    anímame en mis cansancios, 
    envíame a los heridos y cansados 
    para que yo sea tu ungüento y tu fuerza
    en medio del mundo necesitado.
    Amén.

    escrita por Francisco J. Jiménez Buendía, sj
    (fuente: rezandovoy.org)

    ROMA, jueves 20 diciembre 2012 (ZENIT.org).- En la vida cristiana existen varios modos de rezar: el breviario, los salmos, los sacramentos, el rosario, las devociones populares... y también, está la oración con los iconos.

    El icono es una imagen --por lo general bidimensional- de Cristo, los santos, los ángeles, las parábolas bíblicas o los eventos importantes en la historia de la Iglesia. A través del icono contemplamos el amor de Dios por el hombre y proclamamos su gloria y sus misterios.

    En la Iglesia no existe una teología sobre los iconos. En la Iglesia oriental la principal forma de veneración de los iconos se encuentran en el iconostasio (pared con los iconos) que se encuentra en las iglesias de estilo bizantino. Por lo tanto, en todas las épocas del año litúrgico, los iconos decoran las iglesias y le ayudan a la gente a entrar en el misterio salvífico de Dios.

    Junto al icono que representa la Encarnación, Dios que se hizo hombre, podemos orar y reflexionar. Inmediatamente nos llama la atención la figura de María que está en el centro y nos indica al niño Jesús. Y notamos la presencia de la figura de san José, de los Reyes Magos y de los animales que están detrás del Niño Jesús.

    Los iconógrafos presentan a María en el centro del icono para subrayar la importancia de su rol en el misterio de la Encarnación y en el proyecto salvífico de Dios hacia toda la humanidad.

    Pero también para enfatizar la grandeza de María al obedecer a Dios cuando en la anunciación dijo sí, al ángel Gabriel.

    A Dios encarnado en las vísperas de la vigila de Navidad le rezamos: “¿Qué te ofrecemos, Señor Jesús porque hayas venido al mundo por nosotros? Cada criatura del universo que has creado te presenta su gratitud: los ángeles la alabanza, los cielos los planetas, los Reyes Magos los regalos, los pastores la exclamación, la tierra y la naturaleza salvaje el pesebre. En cambio, nosotros te presentamos una madre virgen por eso, oh Dios, ten misericordia de nosotros”.

    En cada icono sobre la Natividad y en todos los iconos de María encontramos siempre tres estrellas: una en la frente y dos sobre sus hombros para indicar el estado de virginidad antes, durante y después del nacimiento de Jesucristo.

    Vemos que los sentimientos y la mirada de María son un poco tristes y humildes al mismo tiempo, para indicar que ella tenía conocimiento de la pasión de la cruz.

    En cambio, el niño que es pequeño tiene una cara adulta, para significar que Él estaba allí desde antes de su nacimiento con su naturaleza divina. Vemos que la cuna tiene la forma de la tumba, y el Niño está envuelto en un sudario en lugar de estarlo en una faja, como un símbolo de su conciencia de que había nacido con un propósito: morir y resucitar para dar la Redención al mundo entero.

    En el icono hay dos animales (el buey y el asno) que nos recuerdan la profecía de Isaías: "El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no lo conoce, mi pueblo no tiene discernimiento"(Isaías 1, 3).

    San Gregorio Nacianceno relaciona el buey con los judíos que están unidos con la ley, y el asno con las naciones que viven bajo el peso de la idolatría.

    Tampoco podemos dejar de ver la figura de José, que en algunos iconos antiguos es representado con un ojo mirando a María, mientas otros iconos le han presentado junto a un viejo jorobado, que es el diablo tratando de tentarlo con malos pensamientos sobre el embarazo de María.

    Grupos más o menos numerosos de ángeles cantan mirando hacia el cielo y la tierra: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres que Él ama!” (Lc 1, 14).

    Ellos representan la naturaleza angélica que acude para asistir al evento extraordinario. Ellos le avisan a los pastores que ha nacido el Salvador del mundo y a los Reyes Magos les aconsejan que no vuelvan a lo de Herodes.

    Separado del grupo (en la parte superior derecha), un ángel intenta hablar con un pastor. El ángel es tranquilizador: "No temáis: he aquí, que os traigo una hermosa noticia llenará de gozo a todo el pueblo: hoy ha nacido en la ciudad de David, el Salvador, que es Cristo Señor. Esto les servirá como indicación: encontrarán a un niño envuelto en pañales... "(Lc 2, 8-13).

    Encontramos incluso a los Reyes Magos con sus vestiduras sacerdotales que le llevan regalos al niño Jesús: Melchor, oro, como símbolo de la realeza de Jesús; Baltasar el incienso que representa la divinidad; y Gaspar la mirra, que anunciaba el sufrimiento redentor del Hijo de Dios.

    El icono no tiene solamente la finalidad de presentarnos los detalles de un evento histórico, sino de hablarnos del misterio de la salvación divina. Por lo tanto el icono une dos temas: uno histórico real y otro, la teología de la Iglesia.

    El icono está siempre lleno de símbolos y explicaciones sobre un evento, pero al mismo tiempo es un instrumento que durante la oración nos ayuda a conocer y orar junto a la vida de Jesús, María y los santos ... aprendiendo de ellos el camino de la santificación y el amor a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

    Traducido del italiano por H. Sergio Mora

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